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jueves, 17 de noviembre de 2016

Dulce Rendicion: Capitulo 12


Un Asesinato sin resolver y muchas intrigas.
Bajo el engañosamente suave exterior, Bella Swan es una mujer que sabe exactamente lo que quiere. Un hombre fuerte que la tome sin preguntar, porque está dispuesta a darlo todo...

El policía de Dallas Edward Masen, está en una misión secreta: encontrar el hombre que mató a su compañero y llevarlo ante la justicia. Hasta ahora, ha encontrado un vínculo entre el asesino y Bella, y si Edward ha de acercarse a ella para atrapar al asesino, que así sea.


 Adaptación krizia
Capítulo Doce

Bella bailó por la oficina con contenida emoción. Estaba nerviosa, emocionada y petrificada, todo en uno, por su cita de esta noche. El sexo en su cerebro hacía algunos sueños interesantes, y sólo podía estar agradecida por que fuera un día tranquilo en la oficina.

La tensión sexual entre ella y Edward parecía una caldera, y la hacía aún más decidida y ansiosa por explorar sus deseos más secretos. Él trajo a flote todas las fantasías sensuales que siempre había pensado, e incluso algunas que no.

Ella lo deseaba. Que ciertamente no era uno de sus deseos más secretos. No había nada secreto al respecto. Y tendría que ser muy idiota para no darse cuenta que quería tener sexo con él. Pero. Siempre había un pero.

Quería un hombre fuerte y dominante. De todas las apariencias externas, Edward era ese hombre. Él habló de eso en su charla, pero había tenido unos cuantos charlatanes en el pasado. De inmediato se desinflaban en la cama y fuera de ella.

Es la razón por la que vas esta noche. Para identificar, para poseer, para tomar lo que quieres. Ella sintió que este era el primer gran paso, y una vez aceptado este cambio, este deseo de ser ella misma, ya no habría vuelta atrás.

Emitió un pequeño suspiro mientras arreglaba un montón de contratos sobre la mesa. 

Luego se conectó a internet y abrió un correo electrónico de Carlisle, el hombre que había entablado su cita en La Casa.

En realidad habían intercambiado varios correos electrónicos desde su llamada telefónica hacía algunas noches. Se había sentido a gusto con su actitud amistosa y abierta. La había animado a hacer preguntas y a cambio le había dado una gran cantidad de información acerca de lo que pasaba en La Casa y también sobre lo que podía esperar de su tour.

En uno de sus tontos momentos, y después de pasar cinco horas leyendo sobre las imágenes en Internet de ropas de cuero, algo parecidas al tipo Klingon, le envió un correo electrónico a Carlisle preguntándole qué ropa debía usar. Porque si esperaban que se pusiera un traje de goma negro, sin trasero y un agujero en sus tetas donde se suponía que iban, podían besarle el culo. Su culo desnudo.

Leyó rápido el e—mail, sonriendo al recordar que el ambiente al que iba a entrar esta noche sería crudo y explícito. Sintió un cosquilleo de excitación recorrerla hasta los pies.

Estaba razonablemente dispuesta para su visita a La Casa. O al menos eso imaginaba. Había chequeado un sinnúmero de sitios en Internet, investigado todos los enlaces que Carlisle le había enviado, e incluso había superado sus nervios al ir a colarse al apartamento de Jasper y allanar su colección de pornografía. Ciertamente había conseguido una vista completa. Al parecer, la pornografía suave no estaba en el vocabulario de Jasper.

Ella sonrió mientras mentalmente repasaba la lista que había compilado de los escenarios y las posiciones que quería probar. Todo lo que necesitaba ahora era un compañero bien dispuesto, y tal vez uno que comprendiera mejor las necesidades que sentía. Por lo que esperaba que Carlisle y compañía pudieran arrojarle algo de luz sobre eso.

Se dio la vuelta en su asiento, sintiendo sólo un poco de vértigo y un poco más ridícula. 

Empujó su mano sobre la mesa para detener su movimiento cuando el teléfono sonó.

Sofocó una risita, cuando cogió el teléfono.

—Swan—dijo con voz entrecortada.

—Bella, tenemos que hablar—La voz estridente de su madre recorrió la oreja de Bella como una rama de un árbol sobre un techo de hojalata. —Necesito el dinero. Necesito que me ayudes. Tienes que ayudarme.

Había desaparecido la zalamería y los halagos a los que estaba tan acostumbrada al escuchar las llamadas de su madre.

Renunció a cualquier intento de suavizar su rechazo, Bella se apoderó del teléfono con más fuerza.

—Te pedí que no me llamaras de nuevo.

Ella comenzó a alejar el teléfono de su oído cuando un sonido lejano le levantó los pelos de punta. Presionó el teléfono a su oreja otra vez y aguzó el oído.

—… Dile a esa la perra que consiga el dinero, o ambas se van a arrepentir.

—Mamá, ¿quién era ese?—Exigió Bella.

—Nadie—dijo Reneé con voz entrecortada. —No es nada de lo que tengas que preocuparte.

La familiar tristeza se apoderó de Bella, aglomerando su mente con toda una vida de pesares. Reneé nunca cambiaría. Bella tenía que aceptarlo. Lo había aceptado, pero no por ello era más fácil de reconocer.

—Déjame decir esto para que quede perfectamente claro—comenzó a decir Bella con una voz titubeante. —No me llames. —Tiene su voz se volvió más fuerte y firme mientras permitía que la fuerza de su ira se derramase. —No tengo nada que decirte. No puedo ayudarte. Yo no te voy a ayudar. No puedo ser más clara que eso.

Sus palabras salieron temblorosas al final cuando expulsó una inestable respiración.

—Te quiero, mamá. —su voz se quebró, y ella se secó las lágrimas con el dorso de la mano. —Pero no me gusta en lo que te has convertido, lo que siempre has sido. Yo no quiero ninguna parte de mi vida pasada de regreso. Mi vida contigo. Soy feliz ahora. Lo siento, pero no tengo ningún deseo de volver a contactarme contigo, para permitir que me uses nunca más.

Bella escuchó un sollozo y honestamente no sabía si era ella o su madre. Colgó el teléfono con las manos temblorosas después se cubrió el rostro con los brazos sobre el escritorio.

Sus hombros se estremecían, y sintió que las lágrimas se deslizan sobre sus brazos. Cuando el teléfono volvió a sonar, alargó la mano, tiró de la cuerda de la pared y lo tiró por la habitación. Ella bajó la cabeza y lloró. Ruidosos, crudos sollozos desgarraron su cuerpo. 

Tanto dolor, ira y traición colisionaron en su pecho como una serpiente enfadada lista para atacar.

¿Por qué le daba tanto poder sobre ella a su madre? ¿Por qué le daba a Reneé la capacidad de hacerle daño con tanta facilidad?

Una mano firme la agarró por los hombros y ella se puso rígida.

—Bella, ¿qué pasa?—La súplica urgente de Edward cortó la neblina de color rojo que daba vueltas en su cabeza.

Lentamente, levantó la cabeza, repentinamente sintiéndose tonta por su arrebato emocional indisciplinado. ¿Qué pasaría si fuesen Charlie o Jacob los que entraran?

Tendría un rato endemoniado para explicar por qué estaba llorando a lágrima viva en su escritorio.

Se frotó con impaciencia los ojos y miró hacia otro lado, determinada a que él no viera sus lágrimas. La silla se movió un poco, y miró por el rabillo del ojo para verlo de rodillas a su lado.

Los dedos suavemente curvados alrededor de su barbilla y la levantó, lo que la obligó a mirarlo a los ojos.

— ¿Estás bien?—preguntó en voz baja.

Otro sollozo silencioso salió de su boca, y apretó los labios cerrándolos para evitar que se le escaparan más.

—No, no estás bien. Eso es obvio. —La acarició con el dorso de sus nudillos la mejilla luego metió su cabello tras la oreja. — ¿Qué pasa?—preguntó de nuevo.

—No es nada—dijo con voz temblorosa. —En serio. Me siento como una idiota. Solo estoy preocupada y sobre reaccioné.

—Obviamente es algo. No eres del tipo que reacciona de forma exagerada. ¿Qué te perturba tanto, Bella?

No, no era un tonto, y ella estaba insultando su inteligencia al negar su malestar.

—Está bien, no era nada, pero no es algo de lo que quiera discutir. ¿Puedes entender eso?—Ella le rogó en silencio para que no la presionara más.

Él la miró durante un largo rato.

—Sí. Puedo.

Le apartó una lágrima del rabillo del ojo. Sus miradas se encontraron y estancaron, suspendidos en un eco atemporal.

—No debería hacer esto—le susurró con voz ronca e inquieto.

— ¿Hacer qué?—Murmuró ella.

—Besarte…

— ¿Vas a…?

En vez de responderle, se acercó a ella, sus labios se cernieron peligrosamente cerca de ellos. Su respiración entrecortada fue todo el tiempo que tuvo antes que sus bocas se encontraran.
Sus manos enmarcaron su rostro mientras presionaba uno caliente y duro en su contra. Sus lenguas se encontraron y enredaron. Ella abrió la boca para tomar aire, pero no se apartó. La consumía. Él la consumía.

Su boca avanzó hasta que sus dientes mordieron su labio superior. Lo tironeó hacia afuera, luego lo chupó más hacia su boca. Su lengua la lamió y la exploró antes de liberarle el labio y se trasladó a la esquina de su boca.

Fueron olvidadas sus lágrimas, su angustia. Todo lo que existía en ese momento era el hombre frente a ella. Su toque, su beso, su esencia misma llegaba a su alrededor, llenándola hasta que todo lo demás se desvaneció.

Se acercó hacia él, deslizando sus manos sobre sus hombros. Sus dedos avanzaron hacia su cuello hasta que una mano ahuecó la nuca de su cuello, tirando de él más cerca. Ella mordió de nuevo en sus labios. Beso a beso, mordedura a mordedura, lamida a lamida.

Un gemido profundo se construyó en ella, en su pecho, agolpándose en su garganta, hasta que escapó en un sonido de dulce agonía. La tensión que tenían entre ellos a lo largo de los últimos días, formó una entidad enorme, que estalló en un torrente de lava fundida.

Ella movió sus manos al frente, bajando por su pecho hasta tirar de su camisa. Quería sentir su piel desnuda. Impaciente, le dio un tirón hasta que llegó para liberarlo de sus vaqueros. 

Luego deslizó sus dedos en el borde y llevó las manos a su estómago.

Él se estremeció, su boca se quedó quieta sobre la de ella. Sus manos se movían más altas, deslizándose sobre los músculos de su pecho, empujando hacia arriba la camisa.

Los dedos de él se enterraron en su cabeza, y los pulgares le rozaron las mejillas. No había fuerza en su toque. Una fuerza que ansiaba, necesitaba, deseaba tanto que le dolía.

Ella gimió contra sus labios cuando no se reanudó el beso apasionado, en vez de eso permanecieron inmóviles. Su cuerpo se tensó debajo de sus dedos, los músculos ondularon sobre su pecho.

—Edward—susurró.

Se apartó y cerró los ojos. Una dura interjección bailó en el aire entre ellos, agriando el momento. Sus manos se apartaron de ella, y él se empujó hacia arriba, la tensión salió de él como la arena que brota de balde.

La palma de su mano se deslizó hacia la parte posterior de su cuello, y se frotó arriba y abajo agitado.

—Dios, Bella, lo siento. Eso nunca debió pasar.

Ella lo miró, confusa.

— ¿Lo sientes? Yo quería que sucediera. Tú querías que sucediera. No veo lo que tienes que lamentar.

Recorrió la mesa, haciendo una pausa en el centro del piso, sus movimientos eran espasmódicos e indecisos. Luego se volvió para mirarla. Sus ojos brillaban con una multitud de emociones. El deseo aún ardía intensamente, por lo que ella sabía que no era cuestión de él que no quería lo que había sucedido. Pero también había arrepentimiento, y ¿auto—odio?

—Esto no debió ocurrir—dijo con una sacudida de cabeza. —Me aproveché de tu momento de debilidad. ¿En qué clase de imbécil me convierte eso?

Ella se levantó de su asiento. Sus rodillas temblaban, y colocó sus palmas sobre la mesa para mantener el equilibrio.

—Hemos estado viendo que llegaríamos a este punto en los últimos días. Tú lo sabes, y yo lo sé. Era tan inevitable como respirar. No me digas que no debió pasar cuando sabes malditamente bien que deseabas esto tanto como yo.

— ¿Desearlo?—Se echó una risa ladrido. —Infiernos, Bella, te deseo tanto que me duele. 

Pero no debía ocurrir. Nunca debí dejarlo.

Con eso, se volvió y salió de su oficina, dejándola reflexionar sobre la singularidad absoluta de su declaración.

Se hundió de nuevo en su silla, con las emociones hechas un desastre. Su mirada parpadeó hacia el cable del teléfono, y dejó escapar un suspiro. Se esforzó para levantarse, se acercó para recuperar el cable que había arrancado en su ataque de ira. No sabía cuántas llamadas había perdido mientras negociaba la respiración pesada con Edward.

Después de hurgar en el cable durante unos segundos, remplazó el enchufe de la pared y miró con inquietud otra vez al teléfono, con la maldita esperanza de que no sonara. Cuando el silencio se mantuvo intacto, sus hombros se doblaron aliviados.

Esto tenía que terminar. Esta tensión constante de las llamadas de su madre tenía que parar. ¿Finalmente Reneé entendería el mensaje y dejaría de intentar ponerse en contacto con Bella? Lo dudaba, pero nunca había enfrentado a su madre en el pasado. Esto tenía que ser tan impactante para Reneé como lo fue para Bella.

Tienes una vida. No le debes nada. Finalmente estas saliendo de tu concha y te estás aferrando a tus deseos y necesidades. No lo estropees todo ahora.

Mientras las palabras de ánimo se iban, aunque no eran las mejores, no eran falsas palabras.

Ella tenía una vida. Una con la que estaba contenta. Finalmente había ido extendiendo sus alas y salido de las sombras de su pasado. Finalmente estaba alcanzando lo que quería. 

Finalmente, sin miedo de enfrentarse al lado de sí misma que siempre había negado que existiera.

Tal vez Edward no era lo que necesitaba. Tal vez lo que quería estaba allá afuera, fuera de su alcance, pero cerca. Tal vez lo encontraría esta noche. No lo sabría hasta que diera el salto.

Sintiéndose moderadamente más tranquila después su anterior muestra de rabia, cuadró los hombros y se hizo un juramento silencioso a sí misma. No iba a permitir que su madre la pisoteara de nuevo.
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Gracias Krizia por otro infartante capitulo, se me infartaron las neuronas, las del ansia, jejeje

4 comentarios:

Yolanda Lopez Martín dijo...

Hola Krizia! No sé si leerás éste texto.. pero quiero decirte que me encantó tu historia! Es la primera vez que te escribo y quería felicitarte por escribir cómo lo haces, espero actualices pronto el siguiente capitulo porque muero de anciedad por saber que pasa! Jejeje saludos desde México!

Nancy Quintero dijo...

auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

me matas Krizia!!! me emociona por la 2da parte pero me duele por Nessie, digo Rennesme!!! extrañe mucho a mi Jacob en el capi pero era necesario!!
Me petrifique con los recuerdos de Bella =( creo que si no yo lo he superado!!!
espero con ansias el siguiente capi!!
un abrazo

Nancy Q

Nancy Quintero dijo...

auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

me matas Krizia!!! me emociona por la 2da parte pero me duele por Nessie, digo Rennesme!!! extrañe mucho a mi Jacob en el capi pero era necesario!!
Me petrifique con los recuerdos de Bella =( creo que si no yo lo he superado!!!
espero con ansias el siguiente capi!!
un abrazo

Nancy Q

Angelica RuizMtz dijo...

Aaaaaaaaa q emocion