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lunes, 25 de abril de 2016

SPA: Atrevida Alice: Cap. 5


Tres amigas…tres deseos secretos…tres oportunidades para hacerlos realidad.

Son tres amigas inseparables que se deleitan compartiendo sus aventuras y secretos.

Pero su última apuesta será la más arriesgada de todas: cada una debe acostarse con cualquier hombre que las otras dos escojan para ella… y luego relatar todos y cada uno de los jugosos detalles.

Atrevida Alice
Capítulo 5
 Adaptación de Krizia

— ¿Un club de sexo? —Alice abrió mucho los ojos.

—Sí. ¿Has estado en uno alguna vez?

Ella negó con la cabeza, sin saber cómo tomarse la proposición de Jasper.

Después de dormir toda la noche en sus brazos, se levantaron, desayunaron, ella se puso su vestido, y Jasper la llevó a su casa para que pudiera cambiarse de ropa y recoger unas cosas. Se habían pasado el día por los alrededores de Forks, almorzaron en el pabellón del Rosewood Park, e incluso jugaron en los columpios. Ahora habían vuelto a la casa de él, huyendo del calor de las últimas horas de la tarde.

 Jasper acababa de sugerir que fueran a un club de sexo.

—No, nunca he estado en uno. Ni siquiera sabía que hubiera sitios de esa clase en Forks. 

— ¡Vaya, parecía una mojigata!—. ¿Qué hace la gente allí?

—Mantienen relaciones sexuales, cariño. ¿Qué crees que hacen?

Estaban sentados en el salón, tomando un cóctel. Alice bebió un largo trago de vino frío, completamente asombrada de que existiera un club de sexo en la ciudad. ¡Hablando de llevar una vida protegida! Ahora se sentía como una ingenua.

—Bueno, ya supongo que tienen relaciones sexuales, por algo lo llaman club de sexo. Me refiero a algo más específico. Me estoy imaginando cuero, látigos y cadenas en la pared.

Él resopló.

—No es exactamente así. No se trata de un club de sumisión, Alice. Es un club de sexo.

Imagínatelo como el de anoche; con música, baile y gente dando vueltas por allí. Lo que sucede es que van un poco más lejos. Existen varias habitaciones donde hay actividad sexual aparte del salón principal, donde todos se relacionan con todos. Y cualquiera que esté interesado, puede ir a esas habitaciones y hacer lo que quiera.

Ella levantó una ceja, llena de curiosidad.

— ¿Lo que sea?

—Sí. ¿Te interesa?

¿Interesarle? Desde luego. ¿Estaba nerviosa? Mucho. Sin embargo, después de lo que habían estado haciendo la noche anterior, ¿cómo iba a negarse a ir a un club de sexo? No quería que Jasper creyera que no era valiente, de modo que asintió.

—Claro. Me encantaría. ¿Cuándo nos vamos?

Hacia las nueve Alice estaba casi hiperventilando. Se había puesto una minifalda, un top ajustado, unos zapatos de tacón alto, y se había recogido el pelo. Se sentía atractiva, imprudente y preparada para el rock and roll.

Que estuviera tan nerviosa sólo quería decir que estaba excitada. No tenía nada que ver con que estuviera completamente fuera de su elemento.

Confiaba de verdad en Jasper, aunque no tenía ni idea de qué era ese club de sexo.

Por fuera, el club ofrecía un aspecto bastante modesto. Se trataba de un simple edificio de dos plantas con un letrero de neón en el frente en el que ponía «Bienvenidos», y que parecía un bar o un club nocturno. La única señal de que era privado eran los dos corpulentos guardias de seguridad que flanqueaban la entrada de dos puertas.

Jasper dio su nombre y uno de los hombres comprobó su portapapeles, asintió, y les franqueó la entrada. O sea, que él era cliente habitual; a menos que hubiera llamado antes para hacer las reservas. Ella no sabía nada sobre ese tipo de cosas. Y no estaba dispuesta a preguntar.

Alice contuvo el aliento cuando Jasper la cogió de la mano y entraron.
Se metieron en una habitación enorme, similar al salón de baile del club, con mesas íntimas para dos y para cuatro personas. A ambos extremos de la habitación había dos barras, con la pista de baile en medio. El lugar estaba en penumbra, con un ambiente seductor, cargado de humo y con la música sonando de fondo, pero no lo suficientemente alta como para que la gente no pudiera hablar.

En un principio Alice calculó que debía de haber unas cincuenta personas. Una cantidad bastante respetable. Esperaba que todo el mundo se parara y se volviera a mirarlos cuando entraron. No lo hizo nadie. Había algunas parejas, varias personas solas, y todos pululaban por allí con una bebida en la mano, hablando en grupos e ignorando completamente la aparición de ellos dos.

No ser el centro de atención la tranquilizó un poco. Aún así, se aferró a la mano de Jasper, temerosa de que algún hombre se acercara a ella y la arrastrara hasta una de las habitaciones privadas.

Hasta que pensó que aquella idea era una estupidez. Jasper no iba a permitirlo.

— ¿Quieres beber algo? —preguntó Jasper.

Ella asintió, tragándose el nudo que tenía en la garganta.

—Me encantaría.

Se dirigieron hasta la barra y Jasper pidió dos combinados. Ella cogió el suyo, le dio un par de sorbos rápidos, y luego se obligó a beber más despacio. Emborracharse no iba a serle de ayuda esa noche. ¿Por qué demonios estaba tan asustada? No iba a pasarle nada malo. Confiaba en Jasper.

Tenía que seguir recordándose eso.

Había música de baile moderno. Varias parejas estaban bailando en mitad de la pista, moviéndose al ritmo de una canción rápida, sin preocuparse de nadie más que de sí mismas.

Resultaba tranquilizador. Al igual que la forma en que iban vestidas las mujeres, con trajes ajustados; unas con vestidos casi transparentes, las otras con faldas tan cortas que les asomaban las redondeadas nalgas. Los hombres las tocaban por todas partes, asiéndoles el culo mientras bailaban, las pelvis unidas.

Al parecer aquella noche iba a suceder algo. Le encantaba ver evolucionar a las parejas en la pista de baile, mirándose el uno al otro, sin hacer caso de la gente que los observaba. ¿Les excitaba saber que había gente mirándolos?

 Alice sintió que un estremecimiento de emoción le recorría la espalda ante la idea de estar con Jasper en la pista de baile mientras los demás miraban.
¿La tocaría él con la misma intimidad? ¿Se frotaría el pene contra su sexo? ¿Le metería el muslo entre las piernas? Se humedeció ante la imagen mental.

— ¿Te gusta mirar?

Ella le dirigió una sonrisa a Jasper.

—Ya sabes que sí.

—Por eso te he traído. Se me ocurrió que disfrutarías con el espectáculo. Se va a poner mejor.

— ¿Tú ya has estado aquí antes?

Él se terminó la copa y la dejó en la mesa.

—Un par de veces.

— ¿Solo o acompañado? — ¡Maldición! No debería haberle preguntado eso.

No era de su incumbencia.

—Una de las veces vine con un par de amigos, la otra solo, únicamente para mirar. Ya sabes que a mí también me gusta hacerlo.

Bien. No sabía por qué, pero le gustó saber que no había llevado allí a ninguna otra mujer.

— ¿Qué va a pasar esta noche?

Él le deslizó un brazo alrededor de la cintura.

—Lo que nosotros queramos. Vamos a dar una vuelta.

—De acuerdo.

Jasper la condujo por el salón. Alice intentó no hacerlo, pero no pudo evitar quedarse boquiabierta al ver a la gente; sin saber si sonreír, saludar con la cabeza, iniciar una conversación, o simplemente, fingir que no los veía besarse y manosearse en las mesas. Lo que hacían era mucho más que sólo cogerse de las manos. En una de las mesas se estaban besando. En otra, una mujer tenía la mano en la entrepierna del hombre y le acariciaba el pene por encima de los pantalones. Otra mujer, en la misma mesa, le había desabrochado la bragueta a su compañero y se inclinaba sobre su miembro. En una tercera, un hombre acariciaba los pechos de una mujer por encima de la blusa de seda de ésta.

Algunas personas alzaron la vista cuando Jasper y ella pasaron a su lado. Un hombre la miró.

Uno de esos tipos que miran a las mujeres de arriba abajo como si fueran trozos de carne. Alice le ignoró y esperó que Jasper no quisiera tener nada que ver con él.

La actividad sexual del local se iba intensificando. Alice cada vez se estaba poniendo más nerviosa ya que, al parecer, Jasper y ella eran los únicos que no estaban haciendo algo ardiente e intenso. Aunque pensándolo bien, era posible que él estuviera pendiente de sus señales y en ese momento ella estaba más rígida que una tabla.

En cualquier caso, ¿qué le pasaba? Aquello era el paraíso para un voyeur. ¡Menuda atrevida estaba hecha!

De acuerdo, había llegado la hora de dejarle las cosas claras a Jasper, porque hasta que no lo hiciera, ninguno de los dos iba a poder disfrutar de la noche.

Se detuvo, le puso una mano en el pecho y dijo:
—Tengo que hablar contigo.

Él ladeó la cabeza y asintió.
—Vale.

Lo cogió de la mano y lo llevó a un pasillo tranquilo. Allí no había nadie, de modo que tenía que soltarlo rápido antes de que apareciera alguien.

—Soy una voyeur y una exhibicionista. Me gusta mirar y disfruto teniendo sexo en público.

No me van las orgías.

Se tensó, esperando su reacción.

Él frunció el ceño, luego abrió mucho los ojos y sacudió la cabeza.

— ¡Oh, no, cariño! Aquí no hay nada de eso. ¿Crees que te he traído para una especie de fiesta de intercambio de parejas?

Ella se encogió de hombros.

—No lo sé.

— ¡Mierda! —Se pasó la mano por el pelo—. Nada de eso. Estas fiestas no son así.

Estupendo, ahora se sentía como una idiota. Miró al suelo y se arrepintió de no haber mantenido la boca cerrada, sintiéndose poco sofisticada e ingenua.

—Alice, mírame.

Ella obedeció de muy mala gana y sólo vio preocupación en su rostro.

Él le cogió las manos entre las suyas.

—Lo siento, Alice. No te lo he explicado demasiado bien, ¿verdad? El club es muy abierto y tentador, y existen orgías para aquellos que desean participar en ellas. Sin embargo, el único motivo para traerte fue para mirar, no para participar. Es un lugar idóneo para un voyeur porque hay mucho que ver.

— ¡Oh! —Claro, ¿por qué no se le había ocurrido?

—Yo no comparto lo que es mío.
Ella lo miró.

— ¿Qué?

—No me importa hacer el amor contigo sabiendo que otras personas pueden vernos. Me excita saber que otros hombres piensan en lo maravillosa y sexy que eres. Pero nadie, y quiero decir absolutamente nadie, te va a poner un dedo encima. Tú eres mía y yo no comparto a mi mujer. ¿Lo entiendes?

Su mujer. Él la había llamado su mujer. Sus palabras la emocionaron aunque no supiera muy bien lo que significaban. ¿Era era su mujer?

—Me gusta cómo suena eso —dijo ella, dudando si seguir con el tema.

—Esta noche no va a pasar nada que no quieras que pase. Te he traído sólo para mirar, pensando que disfrutarías de ello. Todo irá bien aunque nos limitemos a pasear y a lanzar miradas de deseo. Y si te sientes incómoda podemos marcharnos ahora mismo.

—No me siento incómoda, Jasper. —Ahora que sabía lo que se esperaba de ella, se relajó, dándose a sí misma de patadas por haber pensado, siquiera por un segundo, que Jasper la iba a poner en una situación embarazosa—. Siento haber dudado de lo que iba a suceder aquí y de qué era lo que esperabas.

Él le pasó el pulgar por el labio inferior. Ella se estremeció ante su caricia, que le caldeó el cuerpo.

—Es culpa mía por no explicártelo con todo detalle antes de venir. Soy idiota.

Ella se rió.

—No lo eres.

— ¿Quieres irte?

—No. Quiero ver lo que está haciendo todo el mundo.

Él frunció el ceño.

— ¿Estás segura?

—Sí. —En esta ocasión estaba siendo completamente sincera. Le entusiasmaba la idea de ver a otras personas follando, como anticipo de la noche que estaba por llegar—. Muéstrame el camino.

—Permíteme enseñarte lo que sucede en algunas de las habitaciones de arriba —dijo él, cogiéndola del brazo y llevándola hacia la escalera.

En el piso superior se encontraba otra habitación enorme, una especie de salón. Allí también había varias parejas besándose y algunas conversando.

 Dos mujeres se hallaban sentadas en un sillón de dos plazas, con una tercera que les chupaba el sexo alternativamente. Alice se detuvo a mirarlas. Jamás había visto a una mujer con otra. Empezó a latirle desordenadamente el corazón contra el pecho mientras observaba como una de las mujeres lamía el coño de otra, la lentitud con la que pasaba la lengua por su sexo al tiempo que deslizaba cuidadosamente los dedos en la vagina de la otra, follándola, mientras succionaba el clítoris de la primera.

— ¿Deseas pararte a mirar? —preguntó Jasper.

—No, podemos seguir. —Había demasiadas cosas que ver para entretenerse en un sitio.

Alice sentía curiosidad por lo que sucedía en otras habitaciones.

Jasper salió de aquella zona, hasta llegar a un amplio y alfombrado descansillo. Se detuvo ante la primera puerta, la abrió, y permitió que Alice entrara primero.

Se trataba de otra sala grande, con unas gradas enfocadas hacia un espejo falso de doble cara. En ese lado del cristal había media docena de personas observando lo que pasaba en el otro.

—Esta es una de las habitaciones para voyeurs —susurró él desde su espalda, cerrando la puerta y poniéndole la mano en el hueco de la espalda—. Entra y busca un sitio desde dónde podamos mirar.

Una punzada de emoción le recorrió la espalda al vislumbrar la actividad que se desarrollaba detrás del espejo. Descendió por las gradas hasta el cristal y se detuvo ante él, incapaz de apartar los ojos de lo que pasaba al otro lado. Apenas si notó que había más gente con Jasper y con ella.

Lo que había al otro lado del espejo era una enorme habitación con colchones en el suelo.

Debía de haber dos docenas de personas, algunas completamente desnudas, otras todavía medio vestidas, y todas ellas contorsionándose en diferentes posturas sexuales.

A Alice se le secó la garganta ante lo que veía. Jasper se le acercó por detrás y pegó su cuerpo al de ella, rodeándole posesivamente la cintura con un brazo. Ella cogió aire ante el contacto y le asió el brazo, necesitando su cercanía.

El erotismo de la escena, la dejaba sin aliento, la habitación se iba cerrando sobre ella. No sabía dónde mirar. En uno de los colchones había dos hombres con una mujer, que tenía el pene de uno de ellos en la boca, mientras el otro le introducía el miembro entre las piernas completamente separadas. Al parecer el sonido estaba canalizado hacia la habitación en la que se encontraba Alice, ya que podía oír cada gemido, cada gruñido, e incluso cada embestida.

Se volvió hacia el resto de las personas que se encontraban a su lado. Había un par de mujeres sin pareja, acariciándose a sí mismas por debajo de la ropa. ¡Oh, Dios, se estaban masturbando mientras miraban! También había un hombre y una mujer; las manos de él en los pechos de ella y la mano de ella en la bragueta de él.

Alice comenzó a jadear, el espectáculo a ambos lados del cristal era tan excitante que apenas si podía respirar.

— ¿Te está gustando?

La voz de Jasper, su cálido aliento en la nuca, la excitó aún más.

—Sí. ¡Oh, Dios mío, Jasper, sí!

— ¿Quieres que te toque, aquí, con toda esta gente mirando?

Si no lo hacía él iba a hacerlo ella misma. Entonces una explosión de deseo se elevó entre sus piernas, una necesidad sórdida que nunca antes había sentido le empapó las bragas.

La idea de hacer tal cosa por él, de explotar sus inclinaciones de voyeur, era más emocionante que follar mientras los demás miraban.

—No, no quiero, Jasper. Quiero que veas cómo me masturbo hasta el orgasmo.

Él siseó en la oscuridad y luego retiró el brazo.

—Hazlo.

Ella se dio media vuelta y se apoyó en el pasamanos. Jasper se apartó, su rostro quedó en semi-penumbra en la oscuridad de la habitación. Saber que estaba allí, sin poder verlo con claridad la excitó todavía más. Ahora el voyeur era él y ella la exhibicionista que le dedicaba el espectáculo. Que también pudiera verla el resto de las personas que allí se encontraban, carecía de importancia. Esto era sólo para Jasper.

Le dolían los pechos, los pezones le hormiguearon cuando alzó los brazos y extendió los dedos sobre ellos. Los acarició, atormentándolos hasta que no pudo seguir soportándolo.

Entonces se llevó las manos a las costillas, y se levantó el top de seda y dejando los pechos al descubierto.

Los pezones se endurecieron al contacto con el aire, contrayéndose, pidiendo a gritos que los acariciara. Los hizo rodar entre los dedos, tirando de ellos y gimiendo ante la avalancha de sensaciones que eso produjo entre sus piernas.

—Cuando me tiro así de los pezones, siento un hormigueo en el clítoris.

Vio que Jasper se llevaba una mano a la entrepierna y se frotaba el pene.

—Haces que se me ponga condenadamente dura, Alice.

En ese momento ella supo lo que deseaba. ¿Pero haría él una cosa así por ella? ¿Le daría lo que quería?
—Desabróchate los pantalones para mí, Jasper. Déjame verla.

Se tironeó los pezones y se concentró en aquel punto de su entrepierna, lamiéndose los labios con expectación. Cuando oyó el sonido de la cremallera estuvo a punto de gritar de alegría.

Él avanzó hacia la luz, permitiéndole ver su miembro al liberarlo de los pantalones. Largo, grueso, con el glande dilatado a causa de una violenta erección. Ella buscó su mirada y sonrió.

Las piernas le temblaban cuando se agachó para levantarse lentamente la falda por encima de los muslos. La mirada afilada de Jasper siguiendo sus movimientos sólo sirvió para dificultarle la respiración. Apenas podía moverse; quería hacerlo rápido, pero sabía que aquella agonía, aquella tentadora provocación, era buena para ambos.

—Están mojadas —dijo ella, mostrándole las bragas.

—Acaríciate —exigió él, empuñando la polla y moviendo la mano con movimientos lentos y perezosos.

Él también jugaba con ella. Alice quería verlo correrse a chorros. Quería saborearlo, sentirlo en su lengua. ¡Dios, lo quería todo y de inmediato! El corazón le latía con tanta fuerza que podía oír la sangre rugiéndole en los oídos. Se obligó a serenarse y siguió el contorno de las bragas contra la parte interior del muslo; luego se llevó la mano al sexo, cerró los ojos y gimió ante el intenso placer que le produjo la sensación. Le hormigueaba el clítoris, suplicando que lo acariciara sin cesar, pero se resistió a hacerlo.

— ¡Por Dios, Alice, me estás volviendo loco!

Tanto como se estaba volviendo ella. Estaba tan húmeda que sus bragas estaban empapadas. Se levantó la falda y se quitó las bragas con movimientos lentos y deliberados como si estuviera haciendo strip-tease, moviendo las caderas hacia Jasper, ofreciéndole su sexo, permitiéndole ver lo que no podía tocar. El olor de su deseo impregnó el aire, un aroma dulzón y sofocante a almizcle. Abandonó las bragas a la altura de las rodillas, con la mirada clavada en los movimientos de Jasper, viendo como apretaba el puño alrededor del pene. La tensión subió como una espiral hasta su cintura mientras se pasaba los dedos entre los rizos del monte de Venus y los dirigía hacia el clítoris, envuelto en el fino y sedoso vello. Su clítoris empezó a bailar de expectación, queriendo, necesitando que lo tocara, con tanta intensidad que estuvo a punto de llorar de frustración.

¡Se estaba atormentando a sí misma! Cuando por fin apoyó la palma de la mano contra sus genitales, lanzó un grito; se le desorbitaron los ojos cuando se introdujo dos dedos en el coño al mismo tiempo que su mano entraba en contacto con el clítoris.

— ¡Joder!

La fuerte exclamación de Jasper hizo que la vagina se le contrajera alrededor de los dedos. Él empezó a acariciarse más rápido, mientras ella metía y sacaba los dedos de su vagina, masturbándose al mismo ritmo que él.

Ella lanzó su sexo contra su propia mano, atrayéndolo.

El glande, inflamado y amoratado, asomaba por el puño, expulsando unas pequeñas gotas por su orificio con cada movimiento. Ella se lamió los labios, con la garganta seca a causa de los jadeos, mientras observaba la expresión de agonía que cruzaba su rostro en tensión; sabía que estaba sintiendo lo mismo que ella: un deseo insoportable, al límite de un orgasmo abrasador que, sencillamente, era incapaz de seguir conteniendo.

Se vio envuelta en una serie de sonidos; gemidos de placer y de culminación a su espalda, que provenían de los orgasmos de las personas que estaban follando al otro lado del espejo. En cuanto a la gente que estaba en la habitación con ella, le daba igual lo que estuvieran haciendo, pero oyó sus respiraciones y algunos gemidos. Aquello sólo intensificó su delirio.

En cuanto a Jasper, su respiración era áspera y el sudor le empapaba la frente mientras movía la mano sobre el pene con embestidas feroces y rápidas, al mismo tiempo que ella se acariciaba el clítoris con un ritmo furioso.

—Me voy a correr —susurró ella, en medio de un remolino interior de sensaciones.

— ¡Joder, sí! Córrete para mí, cariño —dijo él, apretando los dientes, acercándose un poco más a ella, masturbándose más deprisa y más fuerte.

Ella se concentró en su polla y se dejó ir, estremeciéndose y gimoteando mientras se corría en su propia mano, estremeciéndose al mismo ritmo que el deseo sacudía su interior, extendiéndose por todo su cuerpo. En ese momento, Jasper le apartó la mano, le separó las piernas y se deslizó en su cuerpo. A ella se le dilataron los ojos y lanzó un grito de placer cuando él la llenó mientras llegaba al clímax.

— ¡Oh, Dios mío! —exclamó ella.

Las contracciones triplicaron su intensidad cuando él empujó, se retiró y volvió a empujar, aferrándose al orgasmo de ella y llevándola directamente a otro. Alice se sujetó a sus hombros mientras él cabalgaba con fuerza sobre ella, capturándole los labios cuando se corrió con un gemido, derramándose en ella con un estremecimiento salvaje e introduciéndole la lengua en un posesivo y hambriento beso.

Hasta que recuperaron el aliento, hasta que los espasmos se calmaron y por fin cesaron, Alice no se dio cuenta de la gente que tenían a su alrededor, ni supo si los habían estado observando o no; no se había detenido a mirar lo que hacían mientras Jasper y ella estaban inmersos en su juego.

Ni siquiera le importó si les habían estado mirando o si se habían corrido con lo que Jasper y ella habían hecho.

Él la besó otra vez, se retiró y la ayudó a colocarse la ropa.

— ¿Estás bien? —preguntó él.

Ella asintió con una sonrisa.

— ¡Ya lo creo! Mejor que bien.

¿Cómo podía haber estado preocupada por lo que sucediera esa noche? ¿Qué le pasaba?

Confiaba en Jasper. En todo lo que se refería a él, se fiaba de lo que le decían el corazón y la intuición. Cuando estaba con él se sentía querida, a salvo y cuidada.

Se había enamorado locamente de él. ¡Maldita sea! ¿Cómo había sucedido algo así? Vale, sabía cómo. Él estaba buenísimo, tenía éxito, era amable y generoso, bueno con ella, se divertían juntos y compartían los mismos intereses. Sexualmente la satisfacía como… bueno, más de lo que Bobby lo había hecho nunca. Cuando estaba con él se sentía completa.


Con ese hombre había disfrutado del mejor sexo de su vida. Por primera vez en mucho tiempo era feliz. No iba a poder separarse nunca de él. Jamás.
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Esta historia es para no aburrirse jamas, gracias Krizia por esta hermosa adaptación.

3 comentarios:

Bell.mary dijo...

Uffffffff que capitulo tan candente como siempre que leo esta historia necesitare una buena ducha fría para bajar la temperatura jajajajaja

Por lo que se ve Alice y Jasper van de maravilla, se han acoplado muy bien en sus gustos y están disfrutando a lo grande jejeje

Gracias Krizia por esta adaptación que nos mantiene a unas altas temperaturas ;)

maty dijo...

k candente capitulo!!! uf!! estos chicos no tienen inhibiciones jajaja son muy apasionados y se acoplan tan bien en sus gustos.... pero a una la dejan uff como dice bell.mary con necesidad de una ducha de agua fría jajajajja

La divertida que se están dando este par jajaja y estoy segura que lo que les falta jijiji

gracias krizia por la adaptación y gracias coka por publicar :D

saludos
maty

Nancy Quintero dijo...

huuuuuuuuuuuuuuuuu!!!!!!!!!!!!

esto si que esta ardiendo!!! no se como sigue con vida mi ordenador!!!
me encanta esta pareja se complementan muy bien, el se habra enamorado de ella
? eso si me da un poco de nervio, porque siempre esta la posibilidad de no ser correspondido, una cosa es que se diviertan y se satisfagan sexualmente y otra que se enamoren

abrazos
Nancy