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martes, 24 de noviembre de 2015

SPA-Atrevida Alice. Cap 3


Tres amigas…tres deseos secretos…tres oportunidades para hacerlos realidad.

Son tres amigas inseparables que se deleitan compartiendo sus aventuras y secretos.

Pero su última apuesta será la más arriesgada de todas: cada una debe acostarse con cualquier hombre que las otras dos escojan para ella… y luego relatar todos y cada uno de los jugosos detalles.

Atrevida Alice
Capítulo 3
 Adaptación de Krizia

Alice miró a Jasper, boquiabierta y muda de asombro. Él echó la silla hacia atrás y se puso en pie con la mano extendida. Ella la miró un instante y la aceptó, notando una descarga de electricidad entre ellos.

Ah sí. Química. Incuestionablemente cargada y primitiva, no había duda. Ambos la tenían y mucha. ¿Significaba eso que lo demás no importaba? ¿Cómo no iba a hacerlo cuando existían tantos obstáculos entre ellos?
Claro que sólo se trataba de una apuesta. Y únicamente este fin de semana. ¿Por qué demonios iban a importarle los obstáculos? No andaba buscando una relación con él. Se suponía que iba a tirárselo. Y a juzgar por la chispa que había entre ellos y su forma de mirarla, estaba prácticamente segura de que eso iba a suceder.

De modo que deja de preocuparte de todo eso y empieza a mover el culo, chica. Estaba deseando echar un buen polvo, y por Dios que sabía que Jasper era el que iba a dárselo. Un fin de semana completamente loco en el que iba a poder dar rienda suelta a la mujer atrevida y de espíritu libre que llevaba dentro, y follar sin parar. ¡Hacía tanto, tanto tiempo! Lo necesitaba.
— ¿En qué piensas? —preguntó él, pasándole un brazo por la espalda y acercándola más hacia su pecho.

Sí, tenía un cuerpo firme. Tal y como ella sospechaba.

—Estaba pensando que me estaba preocupando por tonterías en vez de limitarme a disfrutar de la compañía de un hombre muy apuesto —contestó ella, decidiendo dejar de lado todas sus preocupaciones y cumplir con todas las condiciones de la apuesta, y a la vez cumpliendo consigo misma de una forma muy gratificante. Le puso una mano en el hombro y la deslizó un poco por su espalda, disfrutando de la sensación de su cuerpo y deseando que la chaqueta no estuviera en medio.

Él la condujo por la pista de baile bajo los acordes de una lenta melodía. Se movía con la gracia de un hombre seguro de sí mismo.

—Bailas bastante bien.

— ¿Para ser blanco? —bromeó él.

Ella se rió por lo bajo.

—No quería decir eso.

—No tenías que hacerlo. Sé lo que estabas pensando.

Si lo supiera no estarían bailando. Pensaba en qué aspecto tendría sin el traje y desnudo, excitado y yendo a por ella. Estaba preparada para abrirse de piernas. Tenía el sexo húmedo y le cosquilleaban los pezones, y se alegró de que el estilo del vestido le permitiera excitarse sin que él lo notara.

— ¿Tienes hambre? —preguntó él.

Ella estuvo a punto de atragantarse. Sí, tenía hambre.

—No mucha, ¿y tú?

—No. Pero este sitio está demasiado cargado. ¿Qué tal un poco de aire fresco?

—Me encantaría alejarme de toda esta gente.
—Muy bien. Vámonos fuera a dar un paseo. Te enseñaré los jardines. —Le ofreció el brazo y la condujo a través de la pista de baile.

Se toparon con un muro de mujeres guapísimas, cruzadas de brazos y cuyos pechos casi se desbordaban por los escotes de sus magníficos vestidos de diseño. Todas ellas parecían estar muy cabreadas.

—-Jasper, estábamos esperándote —dijo una morena sensual, haciendo un puchero que decía a gritos: ven conmigo y te garantido una felación.

—Sí, Jasper, nos dejaste muy bruscamente —añadió una rubia, moviendo unas pestañas que tenían que ser falsas, ya que nadie tenía unas pestañas tan largas y espesas. Claro que, a juzgar por el aspecto de sus tetas, de su nariz y de su barbilla, era muy probable que lo fueran. ¿Es que las mujeres ya no llevaban nada suyo?

—Lo siento, chicas, pero ha llegado mi cita y no podía alejarme de ella.

¿Su cita? ¿Ella era su cita? ¿Desde cuándo?

Jasper sonrió y se abrió paso entre la línea de batalla de aspecto atemorizante. Alice se tragó el nudo que tenía en la garganta, contenta de que él estuviera allí para ocuparse del obstáculo.

A pesar del calor que hacía en el exterior, Alice respiró hondo cuando Jasper empujó las puertas que daban a los jardines. Nunca se había sentido más aliviada por escapar de una fiesta, ya que, entre su propio nerviosismo y la brigada de bellezas, tenía la sensación de que se estaba asfixiando.

— ¿Mejor? —preguntó él, conduciéndola entre el laberinto de altos setos.

—Mucho mejor, gracias. No me van las grandes aglomeraciones de gente.

—A mí tampoco. Odio estos eventos. La única razón por la que estoy aquí es porque formo parte de la junta y me veo obligado a estar.

Era muy fácil pasear cogida de su brazo. Creyó que sería incómodo, pero no lo era.

Pasearon por los jardines hasta llegar a un banco solitario, delante de una fuente.
—Sentémonos y charlemos un rato —sugirió él, tomando asiento y haciendo que ella se sentara a su lado.

El cielo nocturno estaba despejado y una ligera brisa refrescaba el opresivo calor diurno. El lugar era perfecto, y no había nadie en los alrededores, lo que les proporcionaba un total aislamiento.

—En tu cafetería no podemos hablar nunca —dijo él, moviéndose para quedar frente a ella—. Ahora tengo la oportunidad de llegar a conocerte mejor.

Y viceversa.

—Me alegro de que dispongamos de unos minutos a solas. Estaba deseando saber más cosas sobre ti. —Qué curioso, ahora le entraba la timidez. Bueno, ¿y por qué no? ¿Cuánto hacía que no estaba a solas con un hombre? El último con el que había estado era su marido, quien también fue su primera y única cita. No es que tuviera demasiada experiencia con hombres precisamente. Fantasías en cambio, sí. Fantasías descabelladas, obscenas y desenfrenadas. Pero nada que fuera real.

Él sonrió.

—Te contaré todo lo que quieres saber. Tengo treinta y cinco años, nací y crecí en Forks. Provengo de una familia de granjeros sin cultura, pero que siempre desearon lo mejor para mí. Fui a la universidad y a la facultad de Derecho gracias a una beca y a todos los préstamos de estudiante que pude conseguir; y llevo trabajando para el mismo despacho de abogados desde que me gradué. No tengo vida social, mejor dicho, no la he tenido durante los últimos nueve años, porque me he dedicado a abrirme camino hasta llegar a ser socio. Para mí no ha habido diversiones, sólo trabajo.

Ella se rió.

— ¿Te arrepientes?

— ¡Demonios, no! Eso es lo que quería. Mi profesión fue siempre lo primero.

— ¿Y ahora?

—Ahora, ya he tenido éxito, me he dejado el culo para llegar hasta donde estoy, de modo que ya estoy listo para relajarme un poco.

Tenía que reconocer que estaba impresionada. Un hombre que se había hecho a sí mismo y que no se disculpaba por sus ambiciones de éxito. Ella admiraba eso.

—Enhorabuena por haber llegado a la cima.

Él se encogió de hombros.

—La cima es ser socio senior, pero me han dicho que está al caer. No es algo que me preocupe.

—Estás seguro, ¿verdad?

—Bastante —respondió él con una sonrisa—. Y ahora háblame de ti.

—Tengo treinta,  y una casa en el centro. Me casé con mi amor del instituto, quien murió de cáncer hace cinco años. La sonrisa de él desapareció, y le cogió la mano.

—Lo siento mucho Alice. No lo sabía.

—No pasa nada. Amé a Bobby. Era un hombre maravilloso, que quería que yo continuara viviendo y no que muriera con él. De modo que eso hice. Compré la cafetería, y empecé a abrirme camino poco a poco. Trabajo mucho, no gano millones, pero sí lo suficiente como para pagar la hipoteca de la casa y comprar comida. Es una buena vida.

— ¿Y todo eso lo haces por ti misma?

—Sí.

— ¿No tienes hijos?

—No, íbamos a tenerlos, pero no hubo tiempo.

—Lo siento.

Esta vez fue ella quien le apretó las manos.
— ¡Eh, no pasa nada! Bobby forma parte de mi pasado. Dejemos de hablar de él. Por fin estoy intentado empezar una nueva vida, tener nuevas experiencias y aventuras.

—Me gustaría formar parte de ellas.

Ella respiró hondo.

—Y a mí también.

¡Vaya! Le había costado, pero al mismo tiempo le había resultado fácil decirlo. Tratándose de Jasper le parecía estar hablando con un viejo amigo. Hablarle de Bobby había sido más fácil de lo que pensaba.

—Todo lo que nos pasa influye en nuestro futuro, en quien somos y en quien nos convertimos. Nunca lo perdemos de verdad —Dijo él, levantándose y ofreciéndole la mano—. Vamos a pasear un poco más.

Dejaron atrás las fuentes y anduvieron hasta el otro extremo del laberinto de setos. A ella le gustó. La oscuridad daba un poco de miedo, pero saber que se encontraban completamente solos, resultaba erótico. Él le rodeó el hombro desnudo con el brazo y la apretó contra sí. ¡Oh, sí!

Le gustaban la sensación y la calidez del cuerpo de él contra el suyo. Hacía demasiado tiempo que no tenía a un hombre a su lado, que no aspiraba el olor fresco y limpio del jabón sobre la piel de un hombre, que no sentía la presión de la mano de un hombre en la suya. Respiró para contener las lágrimas.

— ¿Te encuentras bien? —preguntó él, mientras avanzaban por el laberinto.

—Perfectamente.

—Estabas muy quieta.

—Lo siento. Sólo estaba disfrutando de la noche. —Alzó la vista hacia él—. Y de la compañía.

Él se detuvo, la hizo darse la vuelta y le enmarcó la cara con las manos.

Ella dejó de respirar, tratando de recordar la última vez que la habían besado, porque estaba completamente segura de que él iba a besarla. Años. Siglos. Demasiado para recordar cómo era tener la boca de un hombre sobre la suya.

¡Oh, Dios, iba a besarla! Todas y cada una de sus terminaciones nerviosas estaban preparadas para la descarga que estaba segura de que iba a producirse.

—Alice. Llevo mucho tiempo queriendo hacer esto. —Se inclinó y acarició los labios de ella con los suyos, con un movimiento tan suave y dolorosamente tierno que estuvo a punto de gemir. Entonces él presionó la boca y apareció de nuevo aquella descarga eléctrica que le produjo un hormigueo en el clítoris, igual que si le estuviera dando ligeros lametazos con la lengua.

¡Dios! Esta vez sí que gimió y cerró los ojos para poder disfrutar de cada sensación. Él la atrajo a sus brazos y la abrazó, situando la boca sobre la suya y tomando el mando, introduciéndole la lengua y yendo al encuentro de la de ella.

Posesión. Eso es lo que era. Él la poseía y la reclamaba. Y ella estaba dispuesta a entregárselo todo; cualquier cosa que él quisiera era suya. Ahí mismo de hecho. Sólo de pensarlo se le humedeció la entrepierna y el clítoris le tembló de deseo. Presionó contra sus piernas y él la apretó, permitiendo que el clítoris entrara en contacto con su muslo. Ella suspiró, él gimió y ella estuvo a punto de empaparle la pierna.

Entonces los apacibles y tranquilos besos de tanteo cedieron el paso a algo más primitivo y elemental, cuando empezaron a acariciarse el uno al otro, convirtiéndose en besos más fieros y apasionados. A ella le daba igual dónde estaban o quién pudiera verlos. Necesitaba sentir las manos de Jasper sobre su piel, tenía que tocarlo y explorar su cuerpo. ¡Dios! Quería que ambos se desnudaran, pero allí fuera era imposible.

Ella le deslizó las manos por los hombros y los brazos, permitió que su boca le explorara la mandíbula y el cuello, aspirando su olor vivificante y almizclado. Él le puso una mano en la espalda y más abajo, le palmeó el trasero y la empujó contra su erección.

Esta se meció contra su sexo, haciendo que su necesidad de examinarlo se intensificara. Se echó hacia atrás y lo miró a la cara, quedando muy satisfecha al ver el desnudo deseo que descubrió en sus ojos.

—Te deseo, Alice. Maldita sea, te deseo aquí mismo.

Ella nunca había oído palabras más dulces. Bobby nunca quiso hacer nada así, prefería que el sexo permaneciera en el interior del dormitorio. Ella cedió porque lo amaba, pero una parte de sí misma siempre echaba de menos que sus más bajos instintos quedaran satisfechos. Jamás le habló a Bobby de sus fantasías secretas.

Puede que ahora, por fin, fuera capaz de llevarlas a cabo. ¡Aleluya!

Hasta que oyó unos susurros y unas risas. Se quedó helada. Jasper cerró los ojos un instante y luego sacudió la cabeza.

—Mierda —susurró.

Ella sonrió, le apoyó la cabeza en el pecho, e intentó recuperar el juicio.

Había alguien más en los jardines, justo delante de ellos.

—Supongo que no estamos solos —dijo, echando la cabeza hacia atrás para mirar a Jasper a la cara.

—No es una suposición. Maldita sea, Alice, lo siento.

Ella se rió.

—No pasa nada. —Por muy decepcionada que estuviera, era alentador pensar que a él no le importaba poseerla allí, en los jardines. Y lo hubiera hecho de no haber sido interrumpidos. El cuerpo de ella todavía vibraba de deseo y, de momento, era una sensación embriagadora. No tardaría en tener su momento con Jasper.

—Necesito salir de aquí —dijo él, colocándose la entrepierna del esmoquin.

Ella sonrió con satisfacción y caminó a su lado por el laberinto, escuchando los sonidos de una pareja al otro extremo. Eran susurros, sobre todo. Y una risa profundamente sensual.

— ¿Qué crees tú que están haciendo ahí? —susurró ella.

—No estoy seguro. Vamos a acercarnos y lo sabremos. —La cogió de la mano y se acercaron de puntillas al final del laberinto.

Escondido en una oscura y tranquila esquina, se encontraba un pequeño mirador blanco.

El denso enramado de tres de sus lados ofrecía aislamiento a quienquiera que estuviera dentro, pero a juzgar por los sonidos que se oían, Alice tenía una idea bastante acertada de lo que estaba haciendo la pareja. Cuando Jasper la empujó a la derecha de los arbustos, se le desbocó el corazón.
Se dio cuenta de que desde aquella posición podían ver al hombre y a la mujer sentados en el banco del mirador.

El largo pelo rubio de ella, cuya parte superior del vestido descansaba sobre su cintura, caía sobre su espalda desnuda. No podía ver la cara del hombre, únicamente una cabeza de denso pelo negro. Con la boca apresaba uno de los pezones de la mujer y con los dedos tiraba del otro.

Un crudo deseo se apoderó de Alice; su más íntima e inconfesable fantasía cobraba vida ante sus ojos. Emitió un jadeo, con el repentino impulso, casi abrumador, de levantarse la falda del vestido y acariciarse el sexo. Pero recordó que no estaba sola. Jasper estaba con ella, viendo lo que ella veía.
¿La alejaría de la escena, avergonzado? ¿O haría lo que ella deseaba fervientemente? ¿Se quedaría allí a mirar?

Echó la cabeza hacia atrás y se encontró con su mirada inquisitiva.

Jasper percibió el jadeo de Alice y se preguntó si estaría escandalizada por lo que sucedía en el mirador. Sin embargo, al verle los ojos, los labios entreabiertos y el modo en que sus pechos subían y bajaban al respirar, lo supo. Estaba excitada por lo que veía.

—Quieres mirar. —Fue una afirmación, no una pregunta. Sabía que no necesitaba preguntarlo.

Ella asintió y volvió la cabeza para mirar a la pareja del mirador.

Maldición. Alice era una voyeur. Su miembro despertó, endureciéndose y palpitando de necesidad por deslizarse en el interior de su vagina y follarla mientras observaban a la otra pareja.
Como si  Alice no fuera ya de por sí la más hermosa de las mujeres a sus ojos, el valor de ella acababa de incrementarse. ¿Una mujer que compartía su amor por el riesgo? No sólo habría follado con él en el laberinto, también deseaba quedarse allí y ver cómo hacía el amor otra pareja.

¡Cristo! ¿Ese era su día de suerte o qué? La mujer de sus sueños tenía las mismas fantasías sexuales que él. ¿Qué más podía desear un hombre de una mujer?

La colocó delante de él, proporcionándole una mejor visión de lo que sucedía en el interior del mirador. Su pene rozó la curva de sus nalgas y ni siquiera intentó disimular su erección. En lugar de eso, se meció contra ella, rodeándole la cintura con un brazo para acercarla más a él.

Podría oír su respiración. Unas inhalaciones profundas cuando apoyó la cabeza contra su pecho. ¡Oh, sí! Ahora ella estaba verdaderamente caliente.

 La mujer del mirador se había puesto de rodillas para soltarle el cinturón al hombre, tomándose su tiempo para desabrocharle los pantalones. Cuando le sacó el pene, Jasper quedó impresionado. Por si fuera poco, el hijo de puta estaba bien dotado. La mujer le rodeó el glande con los labios y le acarició el miembro mientras lo chupaba.

Jasper deslizó las manos por los hombros y los brazos de Alice.

—Eres una voyeur, Alice.

—Sí.

—A mí también me gusta mirar.

Ella ni se volvió a mirarlo.

— ¿Sí?

—Sí. Me encanta ver cómo folla la gente. Me la pone dura. —No podía creer que hubieran progresado tan rápidamente en su relación. Su primer impulso cuando se toparon por casualidad con la otra pareja, fue la de comportarse como un caballero y alejar a Alice de allí. Entonces ella había jadeado, y el instinto le indicó que no era de sorpresa o porque se sintiera insultada, sino de excitación. Se alegraba de que su instinto hubiera estado en lo cierto.
—Cuando tenía quince años me encontré con otra chica que practicaba el sexo con su novio en el gimnasio. En vez de salir corriendo, me quedé allí y miré —confesó ella—. Aquello hizo que me humedeciera. El clítoris me ardía tanto que tuve que irme enseguida. Me escondí en la entrada del vestuario y me masturbé mientras ellos follaban. Me corrí al mismo tiempo que ellos. Y luego continué masturbándome, pensando en aquella escena durante meses. Era lo más excitante que había visto nunca.

—Maldita sea, Alice. —No podía creer que ella le hubiera contado aquello. Le encantaba su refrescante honestidad. No se hacía la tímida ni la ingenua con él. Jamás había conocido a una mujer como ella—. En el instituto, mis amigos y yo solíamos alquilar una habitación en algún motel para llevar algunas chicas y pasar toda la noche follando. Como sólo disponíamos de un cuarto, nos quedábamos allí y mirábamos. No tardé en darme cuenta de que estaba cayendo en el voyeurismo. Me masturbé más veces viendo follar a los demás que recordando a cualquier chica a la que me hubiera tirado.

Suponía que le debía una confesión, teniendo en cuenta lo sincera que había sido ella con él.

Ella se estremeció y él intensificó el abrazo alrededor de su cintura.

—Jasper —susurró ella, con tono de súplica.

Al tenerla de espaldas y ser incapaz de verle la expresión, no tenía más remedio que confiar en que la sensación de su cuerpo y los sonidos que hacía, le indicaran lo que deseaba. Y él lo supo.

—Sí, cariño. Sé lo que necesitas. ¿Quieres que sea aquí fuera?

—Sí. ¡Oh, sí! Aquí mismo.

Él le acarició los brazos, le pasó las manos por los hombros y se agachó para inhalar la fragancia de su cuello. No llevaba perfume alguno, sin embargo, él apreció un aroma como de caramelo. Vainilla, tal vez. Se lo lamió, y ella ladeó la cabeza para darle mejor acceso, sin desviar la atención de la pareja del mirador.

Aunque él supiera que Alice estaba pendiente de cada uno de sus movimientos, también estaba fascinada por la otra pareja. A él no le importaba en absoluto. Ver cómo la excitaba presenciar la otra escena, era una experiencia embriagadora. Nunca había conocido a una mujer como ella, tan desinhibida, aferrándose a sus muslos y clavándole las uñas en la tela del esmoquin.

Maldición, quería que ambos estuvieran desnudos, deseaba sentir sus uñas punzantes en la piel. Estaba seguro de que debía ser una gata salvaje cuando estaba excitada.

En ese momento, la mujer del mirador estaba a punto de cumplir su objetivo con el pene del hombre, con largos y rápidos movimientos de la boca, apoderándose de toda la longitud del miembro y casi tragándoselo, antes de echarse hacia atrás hasta que sólo la punta quedaba entre sus codiciosos labios.

—Le está haciendo una buena mamada —dijo Jasper al oído de Alice.

—Sí.

— ¿Te gustaría hacer lo mismo, Alice?

—Sí. Ha pasado mucho tiempo.

Le temblaron los testículos al pensar que iba a ser el primer hombre desde su marido en sentir sus labios. Pero todavía no. Ahora quería darle placer a ella, asegurarse de que se corría mientras contemplaba la escena que se desarrollaba ante sus ojos. Le daba la sensación de que era el primer hombre con el que estaba desde que murió su marido, y que no había tenido una experiencia igual a ésta con anterioridad.

La rodeó con un brazo y posó los dedos sobre su clavícula, notando los rápidos latidos de su corazón contra la palma de la mano. El pecho de ella se elevaba hacia su mano cada vez que respiraba, atormentándolo y tentándolo.

Fue bajando las manos, poco a poco, hacia sus pechos.

Lleno, firme y caliente, así era su tacto a través de la tela del vestido. Ella arqueó la espalda, presionándolos contra sus manos.

—Sí, Jasper, tócame. Por favor, acaríciame.

Él deslizó la mano por debajo del corpiño, hasta dar con un pezón endurecido. Cuando lo asió entre el índice y el pulgar, y empezó a tirar de él con cuidado, ella respondió con unos leves sonidos guturales —gemidos, sollozos y jadeos—, para evitar gritar y alertar a la pareja del mirador.

Enterró la cara en su pelo y se concentró en ella.

—Dime lo que están haciendo.

—Ella se ha puesto de píe —Dijo Alice, en un susurro, mientras Jasper seguía jugando con sus pezones—. Él le está levantando el vestido.

Jasper retiró la mano y le acarició las costillas, trazando un lento sendero hasta la curva de sus caderas.

—Ella se está dando la vuelta y doblando la cintura mientras él le levanta el vestido por encima de la espalda.

—Mmm —dijo él, buscando el bajo del vestido de Alice y asiéndolo en la mano. Sintió como se le tensaban los músculos de los muslos—. ¿Lleva bragas?

—No.

Él se rió.

—Puede que esperara que la follaran esta noche.

—Puede. Ahora él se ha quitado los pantalones. Se pone detrás de ella. Ella separa las piernas.

Alice separó un poco más las piernas. Jasper empezó a levantarle el vestido, centímetro a centímetro, atormentándola con su lentitud. Él podía oír la respiración, rápida y jadeante de ella.

Tenía que admitir que la suya propia también era así, tenía la polla tan condenadamente dura que aunque le diera un golpe a una de las estatuas de piedra del jardín con ella, no iba a notar ningún efecto. ¡Dios, quería hacer lo que estaba haciendo el tipo del mirador! Quería doblar a Alice por la cintura y hundir profundamente el pene en su vagina, sentir su coño húmedo y caliente alrededor, sujetándolo, y luego follarla hasta que ambos llegaran al orgasmo.

En cambio, le levantó la falda por encima de las caderas.

— ¿Y tú, Alice? ¿Llevas bragas esta noche?

—Sí.

Él sonrió, palpándole la cara interna del muslo hasta notar el roce de la seda y el encaje.

—Jasper —susurró ella.

— ¿Quieres que te acaricie, cariño?

—Sí —siseó ella.

Él se puso a su lado, vislumbrando la seda color bronce y la tira de las bragas, sobre sus caderas. Se las bajó por los muslos, exponiendo su sexo a la noche.

Ella gimió.

— ¿Te gusta saber que se te ve el coño?

—Sí.

— ¿Quieres que lo toque?

—Sí.

Él deseaba arrodillarse ante ella, enterrar la cara en su sexo y lamerla hasta hacerla gritar.

Pero también quería presenciar, junto a ella, la culminación de esa escena, ser un voyeur a su lado.

Volvió a palparle el interior del muslo, rozándole con los dedos los labios sexuales, la miró y sonrió.

—Míralos, Alice. Mira como joden mientras yo hago que te corras.

Él puso la mano sobre su coño y ella jadeó, arqueando las caderas contra su mano. Él hundió los dedos entre los sedosos rizos de su sexo, deseando disponer de todo el tiempo del mundo para explorarla.

Más tarde, investigaría todos sus secretos. Ahora mismo estaba mojada y le empapaba la mano, tenía el clítoris hinchado y dilatado, y estaba seguro de que hacía años que ningún hombre la había llevado al orgasmo.

Él iba a hacer que se corriera.

Se giró hacia la pareja del mirador. Como había dicho Alice, el hombre la estaba follando desde atrás, con el miembro introducido profundamente en el sexo de la mujer. La escena que tenía ante los ojos era excitante; la mujer se sujetaba al respaldo del banco mientras el hombre embestía contra sus nalgas, fuerte y rápidamente. Su largo pene se retiraba sólo para volver a introducirse en ella.

Jasper exploró los labios sexuales de Alice, excitando cada centímetro con su caricia para, por fin, desrizarle dos dedos en la vagina.

— ¡Oh, Jasper! —gimoteó ella, cuando él le introdujo los dedos por completo.
¡Joder, estaba ardiendo por dentro! Lo sujetó con su cuerpo, oprimiéndolo y contrayéndose en torno a sus dedos. Él se movió para poder utilizar la otra mano y usó tres dedos para acariciarle el clítoris.

— ¡Oh, Dios! —exclamó ella—. Hace mucho que yo… ha pasado mucho tiempo.

Él asintió.

—Córrete para mí, Alice.

Ella desvió la mirada y vio que el hombre y la mujer del mirador follaban con frenesí.

Estaban a punto de acabar. También Alice sujetó la muñeca de Jasper y le obligó a introducir más profundamente los dedos en la vagina. La mujer del mirador se tensó y echó la cabeza hacia atrás; el hombre se estremeció contra ella. Alice volvió a mirar a Jasper con los ojos vidriosos a causa de la pasión.
— ¡Me voy a correr, Jasper! —susurró ella. Se tensó contra su mano al tiempo que se estremecía y le empapaba los dedos; temblando contra él, meciendo la pelvis contra la palma de su mano, mientras la marea del clímax se estrellaba contra ella.

La expresión de su rostro era lo más hermoso que él había visto en su vida. Tan abiertamente honesta, entregándose a él. Se inclinó hacia ella y se apoderó de su boca, absorbiendo su grito cuando llegó al orgasmo, hasta que finalmente dejó caer la cabeza sobre el hombro de él.

Él no quería abandonar su cuerpo ya que se estaba deleitando con las pequeñas réplicas que le oprimían los dedos. Sin embargo lo hizo, la besó en los labios y se lamió los dedos para saborear sus dulces fluidos.

¡Maldición, tenía que follar a esta mujer cuanto antes! La apoyó contra sí y posó los labios sobre los suyos, besándola con desesperación.

Deseaba absorberla, poseerla directamente ahí.


¿Sería una exhibicionista además de una voyeur? ¿Accedería a tener sexo con él esta noche, en los jardines? Eso esperaba, porque él desde luego no era capaz de esperar más para tenerla.

4 comentarios:

Bell.mary dijo...

Wooowww. Woooowwwwww ardiente se pone esto ....
Quien iba a pensar que Alice era voyeur y además que compartiría el mismo gusto que Jasper, bueno creo que estos dos hacen una excelente pareja sin duda se complementaran muy bien, las cosas se están poniendo muy candentes, y eso que son solo los preliminares.

Lo único malo es que después de leerlo toca ducha fría porque estoy solita jajajajaja

Bueno pues nos toca esperar a ver lo que sucede en el siguiente capítulo que me imaginó se pondrá mas ardiente .

Gracias Krizia Besos

Jenny D dijo...

Ufff impresionante capitulo... Las fantasías de Alice jajaja... Porfa no tardes en subir el siguiente capítulo!!!! Eres genial...

maty dijo...

WOW!!!! esto se puso muuuy candente, estos dos se complementan muy bien jajaja con los mismos gustos sexuales.... k pasara despues??? de k mas seran testigo esos jardines?? jajaja esto amerita ducha fria jajaja
ansiosa por leer el proximo :D

gracias krizia
Saludos
Maty

Nancy Quintero dijo...

HHHoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Nenas!!!!! esto si que fue intenso!!!! excelente capitulo!!!!! woooooww!!! estos dos son dinamita pura!!!

Me encanta este Jass tan intenso y poco contenido!!!!

Pero sera amor en lo que se converira esto??

Se ven hermosos juntoss!!! y hacen la pareja perfecta!!!!!!

gracias por el capi!!!!

un fuerte abrazo

Nancy Q.