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jueves, 22 de octubre de 2015

SPA- Atrevida Alice. Cap2


Tres amigas…tres deseos secretos…tres oportunidades para hacerlos realidad.

Son tres amigas inseparables que se deleitan compartiendo sus aventuras y secretos.

Pero su última apuesta será la más arriesgada de todas: cada una debe acostarse con cualquier hombre que las otras dos escojan para ella… y luego relatar todos y cada uno de los jugosos detalles.

Atrevida Alice
Capítulo 2
 Adaptación de Krizia

— ¡Comprometida! ¡Oh, Dios, Rose! —Alice saltó del sofá y abrazó a su amiga.

— ¡No puedo creerlo! —exclamó Bella, haciendo lo mismo.

Ambas envolvieron a Rose en un gran abrazo.

—Es cierto —dijo Rose, parpadeando para alejar las lágrimas, y sonriendo—. A mí misma me cuesta creerlo, pero Emmett y yo nos vamos a casar.

Después de celebrarlo con unos gritos, volvieron a sentarse en el salón de la casa de Alice, y Rose les contó todos los detalles de lo sucedido entre Emmett y ella. Cuando terminó, Alice tenía lágrimas en los ojos.

—Ese hombre te ama de verdad, Rose. Creo que siempre lo ha hecho.
Rose sonrió de oreja a oreja.

—Así es. ¡Dios, es tan increíble poder decir eso de alguien! Por primera vez en mi vida estoy enamorada.

—Te ha costado mucho tiempo —dijo Bella.

—Sí, sí, lo sé. Soy un poco cabezota.

Alice se rió.

— ¿Sólo un poco?

—De acuerdo, mucho. Pero todo eso ya es pasado. Emmett y yo estamos yendo muy deprisa y vamos a compensar todos estos años perdidos.

Alice cogió la mano de Rose y la oprimió.

—Me alegro. Te lo mereces.

—Gracias. Ahora tú. Ése es el tema de la comida de hoy.
Alice tragó saliva.

—Eh, ah… Me toca a mí, ¿verdad?

—Por supuesto que sí —dijo Bella con una ancha sonrisa.

—De acuerdo, chicas, ¿qué me tenéis preparado? —Alice se recostó en el asiento, sin saber si estaba impaciente o aterrorizada. Como no había tenido ninguna cita desde la muerte de Bobby, no tenía de idea de a quién habrían elegido Rose y Bella para ella. Puede que no hubieran sido capaces de encontrarle ningún hombre, con lo cual se libraría de llevar a cabo su parte de la apuesta.

Sí, vale. ¡Cómo si sus dos amigas fueran a permitir que eso pasara! No había forma de librarse de su fin de semana de sexo. Estaba segura de que iban a encontrar a alguien para ella.

—Rose ha tenido una gran idea —anunció Bella, llevándose las rodillas al pecho, y con una gran sonrisa.

— ¡Ah! ¿Y va a gustarme?

—Probablemente no —contestó Rose, examinando una de sus uñas perfectamente arregladas—. Pero vas a hacerlo de todas formas.

Alice suspiró.

—De acuerdo, soltadlo. ¿De quién se trata?

—Jasper Whitlock.

A Alice se le heló la sangre.

—No.

Los labios de Rose se curvaron en una maliciosa sonrisa.

— ¡Oh, sí!

—Ni siquiera lo conozco.
—Por supuesto que lo conoces. Rose dice que es un asiduo de tu cafetería.

—Para tomar café, no para verme a mí. —Alice se sujetó a los brazos del asiento—. La verdad es que no sé mucho de él.

—Bueno, pues yo sí —intervino Rose—. Me he tomado la libertad de investigar un poco.

Trabaja en Walter & Little, uno de los despachos de abogados más importantes de Forks.

Es socio y está a punto de convertirse en socio principal. Es un verdadero emprendedor y todavía no ha perdido ni un solo caso. El año pasado se compró una casa en Forks Lakes, es miembro del club y de la junta directiva.

— ¿Sabes de qué color es la ropa interior que lleva? ¿Son bóxers o calzoncillos? —Preguntó Alice—. ¡Por Dios, Rose! ¿Hay algo que no sepas sobre él?

—No estoy segura en cuanto a la ropa interior, pero con un poco de tiempo y de disimulo, creo que podría averiguarlo. —Rose sonrió de oreja a oreja.

—Ya conoces a Rose —dijo Bella, poniendo los ojos en blanco en dirección a Alice—. Sabe cómo obtener información.

— ¡Ya te digo! —Alice no tenía más remedio que admitir que estaba impresionada por lo que Rose había conseguido averiguar sobre Jasper. Y también un poco avergonzada de que Rose hubiera estado investigando. Le parecía una violación de la intimidad.

—Todo esto es del dominio público, lo digo por si estás preocupada —dijo Rose—. Sale mucho en la sección de sociedad de los periódicos.

— ¡Ah! —Eso al menos hacía que se sintiera un poco mejor respecto de lo que había descubierto.

—Bueno, en cuanto a este fin de semana, el club patrocina una cena y un baile en beneficio del nuevo hospital. Como Jasper es miembro del Consejo, estará allí. Y tú también.

— ¿Yo? Yo no voy al club social.
—Este fin de semana sí. Edward nos ha conseguido invitaciones a todas —dijo Bella.

Alice contempló a Bella y a Rose sin saber que decir. ¿Jasper? ¿Cómo se suponía que iba a tirarse a Jasper? ¿Cómo iba a sacar el tema? Lo único que hacían era intercambiar algunas bromas en la cafetería, y nada más.

Entonces se acordó de la tarjeta de visita y de la invitación. Puede que aquello demostrara un cierto interés por parte de él. La verdad era que parecía coquetear bastante con ella, pero creía que se trataba sólo de amabilidad. Jasper era rico, tenía éxito y era un hombre de peso en la comunidad. ¿Por qué iba a fijarse en ella?

— ¿Y bien? —preguntó Rose.

Alice se encogió de hombros. ¿Por qué no?

—Iré y ya veremos qué pasa. No creo que me dedique mucho tiempo, sobre todo en el club y con un acontecimiento como ése. Las mujeres de alta sociedad van a caer sobre él en tropel.

Bella se rió.

—Esas putas esmirriadas no tienen nada que hacer contigo, cariño. Con ese cuerpo y ese aspecto exótico y sensual, vas a destacar entre ellas como Cenicienta en el baile. Una vez que Jasper te vea, el resto de las mujeres dejará de existir para él.

—Bella tiene razón —dijo Rose—. Sobre todo después de que te hayamos llevado a comprar un vestido y unos zapatos nuevos, te arreglemos el pelo y estés maquillada. ¡Oh, la la! Se le va a poner dura y apuntando en tu dirección.

Alice se rió ante la imagen sin poder evitarlo.

—Ya veremos chicas, ya veremos.

Sin embargo le gustaba la idea de parecerle atractiva a Jasper, pensar que era capaz de atraer su atención fuera de la cafetería. Puede que él ni siquiera la reconociera, sin el uniforme y el delantal. Sonrió al pensar en la sucia y polvorienta Cenicienta, transformándose para acudir al baile.
¡Oh, seguro, como si fuera a suceder algo así! Podía ponerse un vestido y un buen peinado, pero seguiría siendo la Alice de siempre. Y si él no mordía el anzuelo no sería por culpa de ella, ¿verdad? No iba a estar peor de lo que estaba ahora, viviendo sola en su casa y disfrutando de sus fantasías.

Quien no se arriesga no gana.

Al menos tenían planeada una noche de diversión para el sábado. Era mejor que quedarse en casa y ver la televisión.
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Pasar la noche del sábado en un baile de beneficencia no era exactamente la idea que tenía Jasper de pasárselo bien. Sin embargo, era por una buena causa, y estaba obligado a asistir. Aunque odiaba el esmoquin; estaría mucho más a gusto con unos pantalones cortos y una camiseta sin mangas, o mejor todavía, descansando en la piscina exterior y disfrutando de un baño, en vez de atrapado en un salón de baile con aire acondicionado y otras trescientas personas.

Por una buena causa, ¿recuerdas? Dinero. Subasta. Recaudar fondos. Por eso estaba allí.

Sólo se trataba de una noche y además, al menos había un bar abierto. Que era donde se dirigió en ese momento, en busca de una botella fría de cerveza. Le sonrió al camarero, metió una propina en el bote, y se bebió un largo trago antes de darse la vuelta y examinar el salón abarrotado.

Y dio un respingo cuando dos mujeres, vestidas de punta en blanco, se abrieron paso hasta él con unas sonrisas perfectas en la cara.

Kimberly Blaise y Virginia Marquette. Cazafortunas. Una era morena y la otra rubia, aunque él dudaba de que ése fuera el verdadero color de su pelo. Igual que cualquier otra cosa de sus cuerpos. Llevaban queriendo meterse en sus pantalones, o mejor dicho, en su cartera, desde que se convirtió en socio de la firma. Ellas y varias mujeres solteras más del club. Hacerte socio del club debía estar acompañado de una lista de solteros y sus declaraciones financieras. Esbozó una sonrisa de cortesía.

—Buenas noches, señoras.

—Jasper —ronroneó Kimberly—. Estás para comerte.

¿Demasiado evidente?

—Estás preciosa esta noche, Kim. Y tú también, Ginny.

—Gracias, querido —Dijo Virginia, colocándole la mano en el pecho—. Nos reservarás unos bailes, ¿verdad?

No si podía evitarlo.

—Desde luego.

— ¿Ya estáis vosotras dos monopolizando a Jasper?

Charlotte Daniels. Genial. Al parecer acababa de meterse en una colmena. ¡Que Dios se apiadara de él! Por suerte estaban tan ocupadas marcando su terreno que no se dieron cuenta de que no les estaba prestando atención a ninguna de ellas. Lo cual significaba que podía dedicarse a observar a la muchedumbre y pensar en su siguiente caso, en deportes, o en lo que fuera.

Sus ojos cayeron en un grupo que acababa de entrar por la puerta. Se sorprendió al reconocer a la hermosa mujer de pelo oscuro y piel pálida ataviada con un vestido color bronce, sin tirantes, que iba perfectamente con el color de su piel.

Había algo familiar en ella, pero no sabía lo que era. Hasta que ella y el grupo con el que iba quedaron bajo las luces.

Y ella sonrió.

¡Joder! Era Alice El pelo le caía sobre los hombros en un montón de puntas, y su sonrisa iluminaba toda la habitación. Miraba a su alrededor como si estuviera buscando a alguien. Iba con otras dos mujeres que venían con sus parejas, pero ella parecía no tener acompañante. Puede que hubiera quedado allí con él. Maldita fuera su suerte.

— ¿Jasper? ¿Jasper, me estás escuchando?

Al oír el agudo tono de voz de Charlotte, devolvió la atención al grupo de mujeres que lo rodeaban. ¿Escucharlas? Diablos, no, no las había estado escuchando. Se había quedado fascinado desde el momento en que Cenicienta apareció en el baile.

—Por favor, chicas, perdonadme. Tengo que ocuparme de un asunto.
Con cita o sin ella, al menos podía ser educado y decirle hola.

— ¡Jasper! ¿Adónde vas con tanta prisa?

—Jasper. Ni siquiera me has mirado.

¡Cristo! Otras dos cazafortunas de Forks. ¿Tenía puesto un localizador o qué? Paseó la mirada por encima de sus muy bien peinadas cabezas, para ver si divisaba a Alice, pero ya no estaba a la vista.

¡Maldición!

Alice estiró el cuello para mirar alrededor, sabiendo que no debería estar buscando a Jasper, pero incapaz de evitarlo. Por lo menos no estaba sola, sus amigas no la habían abandonado nada más cruzar la puerta para que se las arreglara por sí misma. Ellas también estaban allí, acompañadas por sus hombres. Bella había traído a Edward Cullen y Rose a Emmett McCarty.

Era extraño ver a sus dos mejores amigas emparejadas y felices junto a los hombres a los que amaban. Era estupendo verlas a ambas tan asentadas, pero seguía resultando extraño.

Y ella estaba sola. No es que eso la molestara; estaba acostumbrada. Bueno, puede que sintiera una punzada de celos pero la sensación desapareció con la misma rapidez que se produjo.

Sobre todo después de que Rose y Bella se empeñaran en llevarla de compras y la ayudaran a elegir aquel increíble vestido que no podía permitirse de ninguna manera; Rose insistió en pagarlo y Bella en convertir su peinado en un montón de puntas sueltas, por más que Alice protestara, negándose a llevar suelto ese detestable pelo tieso.

Cuando ambas terminaron con ella, tuvo que admitir que estaba espectacular. El color bronce del vestido casaba perfectamente con el tono de su piel y hacía que le brillaran los ojos.

Sí, de acuerdo, esa noche iba muy sexy, pero al lado de todas esas mujeres, vestidas con ropa de diseño, con sus cuerpos perfectos, su pelo perfecto y su perfecto comportamiento social, se sentía bastante menos que, en fin, perfecta.
Ella era educada y poseía su propio negocio, era un miembro respetado de la comunidad.

Tenía una casa en un buen vecindario, pagaba sus impuestos y llevaba una vida corriente. Bueno, tenía unas perversiones secretas, pero nadie las conocía. Aparte de eso, era una persona normal. Del montón.

Los que estaban allí eran todos ricos, de la alta sociedad, y no se movían en los mismos círculos que ella. Eran la aristocracia de Forks y ella era… del montón.

Otra vez esa expresión. Nada que la hiciera sobresalir por encima del resto de las mujeres.

Descubrió a un grupo de ellas rodeando a un hombre en el centro de la pista de baile.

Se le desbocó el corazón al descubrir de qué hombre se trataba.

Jasper. Estaba guapísimo con el esmoquin, como si hubiera nacido para vestirse con elegancia. Si cuando iba peor vestido le parecía que estaba para comérselo, ahora todavía más.

Y rodeado por algunas de las mujeres más hermosas que había visto nunca. Bien dotadas, con vestidos de diseñador y perfectamente maquilladas, esas mujeres podían salir de una limusina, recorrer la alfombra roja de cualquier ceremonia de entrega de premios, y actuar como si pertenecieran a ese mundo.

Mierda.

Aquella noche no tenía ni la más mínima posibilidad de acercarse a Jasper. Puede que tuviera mejor aspecto que nunca, pero ¿iba a darse cuenta Jasper? ¿Conseguiría ella siquiera hablar con él?

—Este lugar está atestado —le susurró a Rose por encima del hombro, cuando llegaron a su mesa y tomaron asiento.

Rose asintió y se volvió hacia ella.

—Sigues siendo la mujer más hermosa del lugar.
Alice resopló.

— ¡Por favor! Estás tú con ese vestido rojo y esos zapatos que yo no me atrevería a llevar.

Y Bella con el suyo negro, corto y ajustado. Chica, entre las dos me dejáis en ridículo.

—Cariño, yo sería capaz de matar por tener tu piel —intervino Bella, a su lado—. Con ese color lechoso. Tan perfecta. Si yo no fuera heterosexual no me separaría de ti.

Alice echó la cabeza hacia atrás y se rió.

Edward se inclinó por encima de Bella y dijo:
—Si estáis pensando en un espectáculo chica con chica, estoy seguro de que a Emmett y a mí nos encantaría presenciarlo.

— ¡Edward! —exclamó Bella, fingiendo sorpresa, aunque también se reía.

Emmett asomó desde el otro lado, por encima de Rose.

—No tardaré ni media hora en comprar una cámara de vídeo.

—Idiota —dijo Rose, sacudiendo la cabeza, aunque sonriendo—. Los hombres son unos cerdos.

—Por eso nos amáis —dijo Emmett besándole el cuello.

Rose soltó una risita.

Alice era condenadamente feliz por sus dos amigas. Algún día ella también encontraría esa clase de felicidad. Tal vez.

—Bueno, ¿y dónde está ese tío bueno con el que se supone que vas a reunirte esta noche? —Preguntó Emmett—. Espero que tengas tanta suerte con tu apuesta como Rose la tuvo con la suya.

Alice jadeó.

— ¿Se lo has contado?
Rose se encogió de hombros.

—Pues claro. Bella también se lo ha contado a Edward.

—Me siento utilizado —dijo Emmett, arrastrando las palabras—. Espero que vuelva a utilizarme así otra vez.

—Y yo también —Dijo Edward—. No hay nada mejor que el que una mujer maravillosa te utilice como objeto sexual. Deberíais escribir un libro sobre eso. Estoy seguro de que necesitaríais más investigación.

Alice sacudió la cabeza.

—De verdad…

—Bueno, ése es un tema interesante.

¡Oh, Dios! ¡Jasper! Alice cerró los ojos con fuerza, sin saber si quería darse la vuelta o no.

Pero lo hizo. Se levantó, se volvió y se le detuvo el corazón al ver a Jasper, guapísimo con su esmoquin blanco y negro. El contraste del bronceado de su piel con el cuello blanco de la camisa, hizo que la boca se le hiciera agua.

— ¡Jasper! Qué sorpresa verte aquí.

—Espero no estar interrumpiendo —dijo él, cogiéndole ambas manos entre las suyas—. Me pareció verte desde el otro extremo del salón y quise venir a saludarte.

—Me alegro de que lo hicieras. Por favor, deja que te presente a mis amigos.
Hizo las presentaciones y luego invitó a Jasper a sentarse con ellos, segura de que se disculparía para volver con la colección de bellezas que en ese momento la estaban fulminando con la mirada.

Para gran sorpresa suya, él cogió la silla que Rose había dejado libre para sentarse.

—Me encantaría unirme a vosotros —dijo, poniendo su cerveza encima de la mesa cubierta con un mantel blanco.
— ¿Estás seguro? Me parece que hay un montón de mujeres que se van a enfadar si lo haces.

Jasper miró por encima de su hombro.

— ¡Ah, ésas! Lo único que les interesa es casarse con mi cartera. Todas las cazafortunas solteras de Forks han salido esta noche en busca de un hombre soltero aceptable.

Alice sonrió.

—Bueno, tú eres uno, ¿verdad?

—Sí, pero yo no estoy interesado en ellas. Estás guapísima.

¿Cómo era posible que no estuviera interesado en ellas? Sin embargo, se le iluminó la cara con el piropo.

—Gracias. Voy mucho más arreglada que en la cafetería.

—No sé. Allí también estás hermosa.

Vaya, se le daba bien hacer halagos. Llevaba mucho tiempo sin que un hombre le prestara atención. Y más un hombre tan guapo como Jasper.

¿Estaba babeando? Aquello era irreal. Él estaba sentado a su mesa, llamando al camarero para que trajera una botella de champán, charlando con Emmett y Edward como si fueran viejos amigos y haciendo que a Rose y a Bella se les cayeran las bragas.

Con ella ya lo había conseguido. Llevaba haciéndolo a diario durante un año y medio, aunque nunca hubieran hablado en profundidad sobre… bueno, en realidad sobre nada. No sabía prácticamente nada sobre ese hombre, aparte de que estaba bronceado, tenía los ojos azules y unos rasgos aristocráticos. Era alto, atlético, con unos hombros anchos sobre los que estaba deseando poner las manos, y estaba convencida de que, bajo aquel lujoso esmoquin, era todo músculo.

Sabía donde trabajaba y que era socio de un despacho de abogados, pero ni siquiera conocía a que rama del derecho se dedicaba.
— ¿A qué campo del derecho te dedicas? —preguntó ella. Estaban solos en la mesa, porque Bella y Edward se habían ido a hablar con otras personas y Rose y Emmett estaban atacando la mesa de los aperitivos.

—Al corporativo, principalmente. Nuestros clientes son algunas de las empresas más importantes de Forks, así como de la península de Olympic, y nos estamos extendiendo por todo el Estado.

Ella levantó las cejas.

—Impresionante. De modo que estáis creciendo.

Él asintió.

—Sí, estamos abriendo sucursales por todo el  Estado.

— ¿Existe la posibilidad de que te traslades? —Esperaba que no.

—De ninguna manera. Estoy firmemente establecido aquí.

—Me alegro. — ¡Maldición! ¿Por qué había tenido que decir eso?

—Bueno, gracias por el cumplido, cariño. Yo también echaría de menos no verte cada mañana.

—Lo único que echarías de menos es el café.

—No voy allí por el café, Alice.

Él había dejado descansar descuidadamente el brazo en el respaldo del asiento de ella, transmitiéndole el calor de su cuerpo y calentándola de pies a cabeza.

— ¿No?

—No. Voy a verte.

— ¿Sí? —Brillante conversación, Aly.

—Sí. Creí que a estas alturas ya te habrías dado cuenta.
Bueno, pues no se lo imaginaba. No tenía ni idea. ¿En qué planeta había estado viviendo?

— ¿Han sido imaginaciones mías? ¿Debería irme por donde he venido y dejarte sola?

— ¡Oh, Dios, no! —Exclamó ella, notando como empezaban a arderle las mejillas—. Quiero decir que me siento halagada. ¡Maldita sea Jasper! Estoy muy avergonzada. No tenía ni idea.

— ¿Por qué? —Levantó la mano y jugueteó con el pelo de ella, enredando los dedos en las salvajes puntas. A ella le hormigueó la piel—. ¿Tan sorprendente es que me resultes atractiva?

Humm, demonios, sí.

—No somos exactamente… iguales, ya sabes a qué me refiero.

La sonrisa de él estuvo a punto de derretirla.

— ¿No?

—No.

— ¿Por qué no somos iguales?

—Tú eres abogado. Yo tengo una cafetería.

— ¿Y? Podrías ser cliente mío.

Ella lanzó un bufido y luego se tapó la boca.

—Lo siento. Es que eso es muy gracioso.

Él puso los ojos en blanco.

—No te lo estás tomando en serio.

—No, Jasper, eres tú quien no se lo toma en serio. —Se giró a medias para mirarlo de frente—. No nos movemos en los mismos círculos sociales. Tú vives en el club, y yo en la otra punta de la ciudad, en un barrio de clase media. Yo soy pálida, más pálida que un fantasma blanco en medio de una tormenta de nieve en Denver. Yo estoy hipotecada hasta las cejas, entre la casa y el negocio, y tú probablemente ganes más dinero en un año del que yo ganaré en toda mi vida. Ahora dime qué es lo que tenemos en común.

— ¿Te parezco atractivo, Alice?

— ¿Qué?

—Contesta la pregunta. ¿Te sientes atraída por mí?

¡Qué pregunta más injusta!

—Bueno, sí.

—Bien. Porque yo estoy muy seguro de sentirme atraído por ti. Ese montón de excusas tuyas no significan nada para mí. Y ahora, vamos a bailar.
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Y así termina este segundo interesante capitulo, Krizia gracias una vez mas por ponernos a soñar...

7 comentarios:

Itzel Vara dijo...

tiene tiempo que no entro al blog pero hoy me alegro de haberlo hecho felicidades me gusto mucho espero que sigas con la historia ;)

Bell.mary dijo...

La Krizia gracias por un capitulo mas de esta historia.

Bueno ahora le toca a Alice cumplir con su apuesta, y vamos que no le costara mucho trabajo con ese bombón de Jasper, creo que solo tiene que tener fe en ella misma no importa si las demás visten diseñador y se mueven en sus mismos círculos, Alice es muy atractiva y vale muchísimo además cuando hay química entre alguien no importan esos detalles y por lo que vi a Jasper tampoco le importan.

Me encanto ver a Bella y Rose felices con sus parejas espero que pronto Alice también logre su felicidad.

A esperar el siguiente capitulo para ver como avanzan estos dos.
Besos

Anónimo dijo...

Coka gracias por publicar y a ti Krizia por compartir tus letras con nosotras, ya echaba d menos esta historia ya que m encanta esta pareja. Besos a todas desde España. Maria del Mar.

Anónimo dijo...

DIOSSSSSSSS ESTAS MUJERES SI SON SUERTUDAS CONNESTOS BOMBONES DETRAS DE ELLASSSSS ALICE PONTE LAS PILAS QUE ES TU TURNO DE GOZARRRRR ARGHHHH LO QIUE DIERA POR SER ALGUNA DE ELLASSSSS

María Veronica dijo...

Excelente capituloooo pero demasiado cortoo!!! como siempre con todas las historias de esta hermosa casa uno queda picada y deseando seguir leyendo jaja!!!!

maty dijo...

ho!! me encanto Krizia mas la ultima parte, Alice sacando todos sus prejuicios baratos y Jasper con una sola pregunta se los tumbo ¿Te parezco atractivo, Alice? ya quiero saber como terminara la noche, después de unas copas, unos bailes, agarrando confianza ho!! ya quiero leerlo.

Buenisimo, aun que corto para mi gusto, quiero mas, siempre quiero mas jajajaja, ansiando el próximo.

Gracias Krizia y gracias Coka por publicar

krizia cullen dijo...

Gracias a todas por comentar. Llevo una temporada liada y dejando un poco aparcadas las historias que adapto. Espero seguir contando con vuestro entusiasmo. Besos a todas