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miércoles, 12 de agosto de 2015

SPA- Atrevida Alice. Cap 1


Tres amigas…tres deseos secretos…tres oportunidades para hacerlos realidad.

Son tres amigas inseparables que se deleitan compartiendo sus aventuras y secretos.

Pero su última apuesta será la más arriesgada de todas: cada una debe acostarse con cualquier hombre que las otras dos escojan para ella… y luego relatar todos y cada uno de los jugosos detalles.

Atrevida Alice
Capítulo 1


Jasper Whitlock estaba bueno, muy bueno, demasiado bueno.

Y total y completamente fuera del alcance de Alice Brandon. Ni siquiera estaban en el mismo planeta.

Alice suspiró mientras le ponía otro café a uno de sus clientes habituales con su famosa sonrisa Brandon. La cafetería era su sustento y su alma. Le encantaba ese lugar; empezó sin nada y ahora poseía un negocio, decente aunque modesto, que iba bien. Y en eso era en lo que tenía que concentrarse.

No en fantasear sobre sexo con un tipo al que veía una vez al día de lunes a viernes. Le servía el café, intercambiaban un par de frases y punto.

En el mundo de los negocios, él era un ejecutivo y ella el servicio. Y nunca iban a coincidir.

Sobre todo en el dormitorio.

—Muy buenos días —saludó Jasper, acercándose a la barra.

Gracias a Dios, ella tenía una piel lo bastante empolvada para que el rubor no se notara. La verdad, ¿cuántos años tenía? Debería haber superado hacía tiempo la etapa de ruborizarse.

—Buenos días, Jasper. ¿Lo de siempre?

Él arqueó una ceja clara y estudió el menú.

—Creo que hoy me apetece algo distinto.

¿Qué tal la propietaria de una cafetería, simpática, viuda, de menos de treinta y cinco años, que lleva demasiado tiempo sin sexo y está sumamente necesitada? ¡Dios, era patética! Como si al ejecutivo de Mr. White Bread se le fuera a pasar esa idea por la cabeza alguna vez.

—Tómate tu tiempo. Me parece que eres el último de mi ajetreada mañana.
Él se dio media vuelta para mirar a su espalda y luego volvió a centrar su atención en ella.

—Creo que hoy he venido más tarde. He tenido una noche muy larga en la oficina, terminando algunos asuntos.

Igual que ella. Acabando con el inventario. Se puso a limpiar las mesas mientras esperaba.

Podría haberse ido y dejar que alguna de las otras chicas esperaran a Jasper, pero demonios, una mujer tenía que tener alguna emoción que la sacara de la rutina diaria, ¿no?

— ¿Qué tal, si hoy me tomo un blanco y negro?

Ella no pudo contenerse. Lanzó un resoplido. Hablando del rey de Roma.

—Claro. Enseguida. —Blanco y negro. ¡Santo Dios!

— ¿Te parece que he hecho una mala elección? —preguntó él.

Ella apoyó los brazos en la alta barra.

—Creo que has elegido muy bien, Jasper.

Jasper pagó, Alice le entregó el cambio y se dirigió al otro extremo de la barra para ponerle el café.

—Hoy va a hacer calor —comentó él.

Demonios, ella ya lo tenía, aunque eso tuviera más que ver con el metro ochenta de estatura, el bronceado y el torso cincelado del hombre que tenía delante. Daría lo que fuera por verlo sin su impecable traje. Apostaría cualquier cosa a que estaría igual de bien con unos vaqueros ajustados y una camiseta sin mangas para exhibir los anchos hombros y los abultados bíceps.

La boca se le hizo agua y le palpitó el sexo. Era una pena que no pudiera masturbarse en el trabajo.

Pero esa noche, en casa, Jasper sería el hombre de sus fantasías. Como lo era casi siempre. ¡Si supiera la frecuencia con la que ella se corría pensando en acostarse con él, en encaramarse a su miembro y cabalgarlo hasta que ambos se corrieran!

Sí, hoy iba a hacer calor, desde luego.

—He oído que va a llegar una oleada de mucho calor. Me parece que hoy iré a nadar a la piscina del club de campo —contestó ella con un guiño.

—Me estás tomando el pelo.

—Muy agudo, Jasper.

—Cuando quieras ir a bañarte a la piscina del club, sólo tienes que llamarme. Estaré encantado de llevarte.

Entonces la sorprendió al sacarse una tarjeta de visita y una pluma, escribir al dorso un número de teléfono, entregándosela desde el otro lado del mostrador.

—Me encantaría bañarme contigo algún día, Alice. Allí o en cualquier otro sitio en realidad. ¿Por qué no me llamas en caso de que estés interesada y planeamos algo?

Ella se quedó sin habla; levantó la vista de la tarjeta y volvió a mirarlo.

—Que pases un buen día, Alice. —Se dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta, saludando con la cabeza a Rose, que acababa de entrar en ese momento.

Rose se giró en redondo antes de encaminarse a la barra, luego se fijó en la expresión de Alice y arqueó una ceja.

—Ya puedes cerrar la boca, Alice.

Alice parpadeó, dejó de mirar la tarjeta que Jasper le había dejado y se la metió en el bolsillo.

— ¿Qué haces tú aquí?

Rose miró a Alice, moviendo las pestañas.

—Yo también me alegro de verte.

—Lo siento. No quería decirlo así.

—Estoy aquí porque tengo una reunión con un cliente y necesito un café, querida. ¿Qué otro motivo podría haber? Pero ahora que he venido, me pregunto quién era ese magnífico pedazo de hombre sobre dos piernas.

—Jasper Whitlock. —Alice se quedó mirando la puerta.

— ¿Quién es? ¿Hasta qué punto lo conoces y cómo es que nunca nos has hablado ni a Bella ni a mí de él?

—Trabaja cerca de aquí —contestó Alice, intentando librarse del efecto hipnótico de Jasper—. Viene todas las mañana a tomar café. Sólo lo conozco como cliente, y por eso no os he dicho nada sobre él a Bella ni a ti. No hay nada que contar.

—Vaya, vaya. —Rose dio unos golpecitos en la barra con las uñas y frunció los labios.

—Ni se te ocurra pensarlo. Entre Jasper y yo no va a pasar nada.

—Tenía una gran sonrisa al salir de aquí.

Alice se encogió de hombros y salió de detrás de la barra con dos tazas de café, le entregó una a Rose y le indicó una mesa junto a la ventana, en la parte delantera de la tienda.

—Siempre sonríe.

—No de esa manera. Era una sonrisa de tengo una cita con una mujer caliente.

—No lo era. —Pensó en la tarjeta que tenía en el bolsillo y en la propuesta de Jasper para llevarla al club de campo. ¿Lo había dicho en serio? ¿El club? ¿Él y ella? Tenía que haber un error.

Repasó mentalmente la conversación, convencida de que lo había entendido mal.

—Entonces, ¿la tiene?

Alice frunció el ceño.

— ¿Si tiene qué?

—Una cita con una mujer caliente.

—No lo sé. Puede. Pero no es conmigo.

— ¡Mierda! ¿Y por qué no?

Alice se rió al ver la desilusión de Rose.

—Porque no soy su tipo ni él el mío.

— ¡Y un cuerno! Estabas babeando encima del mostrador, Aly. Sé reconocer la lujuria en la cara de una mujer, y tú la sientes por Jasper Whitlock.

—No. Es un cliente. Es atractivo. ¿Tengo derecho a admirar a un hombre guapo, no?

Rose la estudió.

—Claro que lo tienes, cariño. —Echó una rápida ojeada al reloj y se bebió el café con la misma rapidez—. Y tienes mucha suerte de que yo tenga una cita. ¿Sigue en pie la reunión de mañana para comer?

—Por supuesto. Quiero conocer todos los detalles de lo tuyo con Emmett.

Rose se levantó, cogió el bolso y se inclinó para besar a Alice en la mejilla.

—Y los conocerás. Tengo que contaros un montón de cosas a Bella y a ti. Hasta luego.

Noticias de Rose sobre Emmett, ¿eh? Alice se terminó el café y volvió al trabajo con la mente puesta en Rose y Emmett, e intentando no pensar en Jasper y en la tarjeta que llevaba en el bolsillo.

Hasta que cerró la cafetería y empezó a desvestirse no volvió a acordarse de la tarjeta.
La sacó del bolsillo y leyó el membrete. Abogado de uno de los mejores despachos de Forks. Impresionante. Ahora ya estaba segura de que eran como el agua y el aceite. Él significaba mucho dinero y clubes sociales. Ella era de clase media, estaba hipotecada hasta las cejas, e intentaba mantener a flote su negocio.

De no ser por el seguro de vida de Bobby, su marido fallecido, ni siquiera tendría la tienda.

Sonrió al pensar en Bobby. Los años habían suavizado el dolor de su pérdida, dejando sólo unos agridulces recuerdos. Mientras se preparaba un sandwich y se lo comía, recordó los buenos tiempos y los planes que habían hecho para el futuro.

Planes que quedaron interrumpidos cuando a Bobby le diagnosticaron el cáncer. Planes que se evaporaron cuando el cáncer se extendió y se lo llevó tan condenadamente rápido. Un día los golpeó la noticia del diagnóstico y seis meses después, él había muerto.

Muy rápido. Muy pronto. Demasiado pronto.

¡Dios! Los primeros meses ella no deseaba vivir sin él, no creyó poder sobrevivir sin el amor de su vida. Llevaban juntos desde el instituto, estaban destinados a un matrimonio de los de para siempre. Todo el mundo lo sabía.

Bobby y ella lo supieron desde el primer día. Fue el amor más dulce del mundo. Fueron amigos desde que se conocieron hasta el momento en que él murió.

E incluso ahora, le daba la sensación de que su luz todavía la iluminaba, indicándole el camino.

En sus últimas semanas le dijo que deseaba que continuara con su vida, que no languideciera por él para siempre. Que encontrara otro hombre que la hiciera feliz. En esa época ella no quiso escuchar tales tonterías. Bobby era su amor, su amigo del alma, su mejor amigo.

Siempre que él estaba cerca, había calor. Puede que no hubiera pasión, pero sí satisfacción. Y aquello era suficiente para ella. No podía imaginarse que otro hombre la llenara de la misma forma en que lo había hecho su marido.
Y ya habían pasado cinco años. Cinco largos años sin camaradería, sin un hombre en su vida.

Sin sexo.

Echaba de menos el sexo y las caricias de después. La masturbación la llevaba al orgasmo, pero no era lo mismo. Necesitaba un pene. Un pene cálido y animado, unido a un hombre real.

Notó un tirón en el sexo al imaginar lo que sería tener a un hombre moviéndose encima de ella, entrando y saliendo de su vagina y los labios de él reclamando los suyos e introduciéndole la lengua en la boca. Sintió una oleada de calor y se levantó a abrir la ventana delantera para tener un poco de aire.

El aire era caliente, apenas una brisa. Salió al porche y se sentó en una silla. Aquella noche no había luna, ni tampoco actividad en el vecindario.

El cuerpo le palpitaba de necesidad, y cerró los ojos, deseando que Jasper apareciera en su porche, la cogiera, plantara la boca sobre la suya y le echara un polvo allí mismo. Un hormigueo de excitación le puso la piel de gallina y se instaló entre sus piernas, humedeciéndole el sexo.

No debería. De verdad, no debería, pero la emoción de lo prohibido siempre fue su perdición. Se levantó, entró corriendo a apagar la luz del salón para que el poche quedara a oscuras, y volvió a sentarse. Después de trabajar se había puesto un viejo vestido veraniego. La calle estaba desierta. Era tarde y fuera no había nadie más. Podía hacerlo rápido y nadie la vería.

Puede que nadie la viera a ella, pero, ¿y qué si lo hacían? La idea le produjo un placentero hormigueo en el clítoris.

Separó las piernas y se llevó las manos a los muslos, dejándolas descansar allí unos segundos, mientras pensaba. Expectante y excitada por saber que lo iba a hacer, pero todavía no.

Acarició con las yemas de los dedos el bajo del vestido y empezó a subírselo hasta las caderas, centímetro a centímetro. Aunque fuera hacía calor, la sensación del aire en su cuerpo acalorado era fresca, provocando su excitación. El sudor se acumuló entre sus pechos, se le separaron los labios y su respiración se volvió trabajosa al darse cuenta de que alguien podía sorprenderla.

Cualquiera podía pasar por allí y verla. A lo mejor un vecino se asomaba a la ventana y la veía fugazmente levantarse el vestido.

¡Qué estimulante!

Las bragas no tardaron en asomar. Pero quería más. Levantó las caderas y se las quitó, dejando al descubierto su sexo. Estaba jadeando y el sexo le palpitaba. Sabía que en cuanto lo tocara, se correría. Sin embargo esperó.

Esta era la parte atrevida, lasciva, prohibida y obscena de ella, que ni siquiera Bobby conocía.

Deslizó una mano por el vientre, aferrando la falda con el puño, antes de obligarse a sí misma a relajarse. Tenía el corazón desbocado, no sabía si de excitación o por la posibilidad de que alguien la sorprendiera in fraganti. Ya había pasado el momento de que le importara. Que se acercaran al porche, que se pusieran en fila y que miraran. Quería tener espectadores.

—Mirad como me acaricio —susurró, dirigiéndose a la oscuridad—. Mirad cómo me corro.

Se puso una mano entre las piernas, buscando los húmedos rizos y disfrutando de la sedosa suavidad de su vello púbico. Se entretuvo con los rizos antes de ir más lejos, sabiendo que se había contenido todo lo que podía. Elevó las caderas y se metió dos dedos en la vagina humedecida, conteniendo el gemido que estuvo a punto de escapar de sus labios cuando la palma de su mano chocó contra el clítoris, arqueándose contra las exquisitas sensaciones que sabía que la iban a llevar al límite con excesiva rapidez.

—Fóllame —le susurró a su amante imaginario—. Fóllame fuerte y rápido.

Se masturbó con los dedos, allí fuera, en la oscuridad, donde cualquiera podría verla. La calle estaba tan silenciosa que podía escuchar el sonido que producían sus dedos entrando y saliendo de su coño mojado, su respiración áspera y los gemidos que no era capaz de contener mientras se atormentaba implacablemente. La palma de la mano se movía hacia delante y hacia atrás sobre el clítoris inflamado, obligándola a alzar las caderas para salir al encuentro de su propia mano.
—Me voy a correr —murmuró, abriendo mucho los ojos cuando las contracciones se apoderaron de ella. Apretó los dientes para contener los gritos, mientras una oleada tras otra de insoportable placer se estrellaba contra ella. Se sujetó al brazo de la silla y se estremeció con violencia, enterrando los dedos en la vagina, hasta que la tormenta se apaciguó.

Cuando hubo acabado, se sacó los dedos, se subió las bragas y se tapó los muslos con la falda, mirando hacia la calle y sacudiendo la cabeza.

Se quedó en la silla y recobró el aliento, con la sensación de que acababa de despertar de una especie de extraño sueño. Era como si hubiera perdido el contacto con la realidad. ¿Y si hubiera aparecido alguien? ¿Hubiera sido capaz de detenerse, o se habría quedado allí sentada, con los dedos dentro de su coño y acariciándose el clítoris hasta el orgasmo?

Se quitó de encima esas ideas, se levantó, entró en la casa, cerró la puerta y corrió las cortinas, con la esperanza de que nadie la hubiera visto.

—De verdad, Alice, ¿qué pasa contigo?

Era una pervertida.

Jasper cerró su maletín, apagó la luz del escritorio del despacho de su casa, y luego se frotó los ojos cansados. Había sido un día muy largo. Echó una ojeada al reloj y puso los ojos en blanco.

Eran más de las once. Había salido del trabajo a las ocho de la tarde y se había ido directamente a casa después de una corta parada para comer, luego se sentó ante el escritorio y continuó trabajando. Necesitaba unos días de vacaciones. O mejor, una o dos semanas. Se suponía que convertirse en socio iba a ser menos agotador, pero el trabajo continuaba acumulándose sin parar. ¿No eran los novatos los que supuestamente tenían que soportar aquellas largas jornadas? Se desperezó y se retrepó en la silla, volviéndose a mirar hacia la piscina del club, al otro lado de la calle.

Tuvo suerte cuando consiguió aquella casa; estaba situada sobre el campo de golf, justo al lado del local del club y de la piscina. Sonrió al mirar a ésta última, recordando la invitación que le había hecho a Alice aquella mañana.

 Pareció tan sorprendida que sus cálidos ojos ambarinos se ensancharon de asombro. ¿Pero por qué? Seguro que a una mujer tan hermosa como ella le llovían las invitaciones. Probablemente él sólo fuera uno más del puñado de hombres que ligaban con ella.

Bien, tal vez él no estuviera ligando, pero desde luego le gustaba parar a tomarse un café cada mañana y verla. Su voz suave como la miel y su sonrisa de bienvenida, proporcionaban paz a su agitada vida. Y también ayudaba el que estuviera buenísima. Hermosa como una modelo, de piel color pálido, pelo negro y cortado en puntas, y aquellos ojos únicos y fascinantes. La mayoría de los días deseaba poder entretenerse, pedirle que saliera de detrás de la barra y que se sentara a su lado, sólo para llegar a conocerla mejor. Sin embargo, él siempre iba con prisa, aunque esos pocos minutos que pasaba hablando con ella eran los mejores del día.

Sabía que estaban coqueteando, lo notaba en su forma de mirarlo cuando ella creía que él no la veía. Un hombre no podía dejar de notar cuando una mujer hermosa lo estaba mirando. Si no hubiera estado tan condenadamente ocupado estos últimos meses, ya le habría pedido una cita. Ella incluso salía de detrás del mostrador algunas veces, cuando él se permitía sentarse en una de las mesas para revisar documentos, antes de ir a la oficina. Limpiaba las mesas y recogía algunas cosas, dándole la oportunidad de mirarla.

Lo excitaba con las curvas de su cuerpo y su redondeado trasero. Incluso con el suelto uniforme de la cafetería, podía asegurar que ella tenía un cuerpo en el que estaba deseando poner las manos. Un cuerpo de verdad, no el cuerpo demacrado y fantasmal de las mujeres que frecuentaban los círculos sociales en los que él se movía normalmente. Alice era toda una mujer, y él la deseaba como fuera. Lo único que tenía que hacer era dar el primer paso e invitarla a salir, como había hecho hoy al sacar a relucir la invitación para la piscina.

En realidad no le había pedido una cita aún; le había entregado una tarjeta de visita con su teléfono apuntado en ella, como si esperara que fuera ella quien hiciera la llamada.

—Imbécil —murmuró para sí—. Deberías haberle pedido el teléfono. Menudo caballero estás hecho.

La deseaba. Quería verla fuera de la cafetería. Después de quince horas diarias de trabajo, necesitaba tener una vida. Era hora de pasarles a sus socios algunos de sus proyectos y de ocuparse de su vida social.


Era hora de ir a por Alice.

7 comentarios:

Bell.mary dijo...

Hola Krizia gracias por compartirnos ahora la historia de Ápice y Jasper, uff nena avecinan altas temperaturas así que habrá que estar preparadas o terminaremos con duchas frías jejejeje.

Se ve interesante la historia, pobre Alice ya tanto tiempo sola la tiene muy necesitada jajajaja que hasta no le importa si alguien la ve, quiere algo de emoción su vida y sin duda a Jasper también le falta algo de emoción en su vida no solo trabajar y trabajar ojala y decida pedirle una cita a Al ice.

Que emoción se nos vienen unos muy buenos capítulos.

Gracias Krizia y Coka por publicarlo. Besos

maty dijo...

ai k emocionante, otra historia, que tanto pasara entre jasper y alice estoy segura que sera muy apacionada, pobre alice viuda tan joven, lo bueno que su corazoncito lo curara un alto y guapo abogado jajjaj

pinta muy buena ya kiero leer el proximo capitulo, gracias krizia por la adaptacion y gracias coka por publicar

saludos
maty

Sissy dijo...

Je je je...
Bueno, muy bueno... Se me antoja este romance!
Besos!

Sissy dijo...

Je je je...
Bueno, muy bueno... Se me antoja este romance!
Besos!

Sissy dijo...

Je je je...
Bueno, muy bueno... Se me antoja este romance!
Besos!

María Veronica dijo...

excelente capitulo, nada mejor que dos personas que se gustan en secreto y se disponen a conquistarse! saludos a todos.

Anónimo dijo...

Maria del Mar.besos